Del fin del mundo


Vientos que derriban voluntades,
aérea espuma que ciñe todo
de coronas de ínfimo rocío,
largas lanzas, monumentales
abrazos de tierra y cielo.

La bóveda es un río de fuego blanco,
el aire es un millón de sentidos golpeados.
La tierra es agua, está viva, rebota
golpeada por titánicos mundos.

Del río es un afluente la calle;
batallas navales de hombres que recuerdan
a Venecia surcada por la tierra,
prisiones de correntadas y pie de trincheras;

días todavía en la memoria, que deseamos
tener lejos, en el olvido, en la nada.
El aire se inunda también de burbujas y gritos,
la luz baila y canta en colores al compás del agua.

Y yo que quería inspiración en la lluvia,
y yo que disfrutaba el viento huracanado,
el teclear del hielo sobre los tejados,
el rocío marino, el aire acuoso y los ríos de lodo,

yo que cazaba el relámpago que saltaba en manadas
por los oscuros campos celestes,
yo que buscaba el momento más perfecto de todos,
yo que me estremecía de gusto, frío y humedad,

debo ahora recoger los pedazos de muerte y caos
y lanzarlos a las fauces de la tierra, madre del cambio
y del renacimiento. Es otro día en este mundo:
ayer fue otro final y otro comienzo, y nada se ha ido para siempre.

2 comentarios:

JMO dijo...

Este formato creo que no te lo leí nunca. Escribís cosas muy lindas Gastón :]

Capitán Hidalgo dijo...

No hago poesía muy seguido porque no me gusta como me sale. Pero cada tanto encuentro algo que no se puede decir de otra manera y me arriesgo :D