No trabajo porque trabajo

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Estuve un poco ausente, es cierto. Pero por suerte, el motivo fue bueno, como casi siempre que tuve que dejar por un rato largo este y otros blogs: el trabajo.

Sinceramente, tenía algo de temor de comenzar el año con poco trabajo. Sin embargo, gracias a algunas recomendaciones y algo de suerte, conseguí del lugar menos esperado uno muy bueno, por varios meses, reemplazando a una docente en cuatro cursos. Esto, sumado a las horas cátedra que ya tengo, me da un saldo muy positivo tanto desde lo material como desde lo profesional, a nivel docente.

Sin embargo, esto de tener dos profesiones tiene un "problemita": comes de una, que te agrada y te llena el alma, pero la otra, la que no te da dinero, te gusta más. Así me pasa con la docencia: es algo que descubrí en el camino y que hago con mucha alegría, pero quiero ser escritor desde que tengo recuerdos.

De todas maneras, la cuestión se solucionó sola. Como las trabajaciones de verano de este año fueron tan buenas, pude dejar muchos asuntos editoriales listos o casi listos. Una de las principales series semanales de Alquimia Comics ya está totalmente guionada (bueno, casi casi...). Al no tener que preocuparme por nuevos guiones para la Términus, tengo una cuestión menos, y además pude entregar guiones para historias cortas y series de Alquimia (como el capítulo 2 de Las aventuras de Alquimio, que se está empezando a serializar en estos días). Es decir que, por un tiempo, me puedo concentrar en mi tarea docente sin sentir que descuido la editorial.

El tema, en todo caso, es que el teclado me llama. Y me atormenta. Purgo un poco la falta de tiempo con cosas como esta entrada, algún boceto de guión o historia, pero me pasan cosas extrañas como soñar cuentos (y hace MUCHO tiempo que no hago prosa, ni tengo ideas para prosa), o ver una imagen y ocurrírseme un guión. Son cosas de la abstinencia.

Todo tiene su lado, sin duda. Con lo que gane, espero pronto poder volver a las convenciones, ayudando a Fede con todo lo de Alquimia, y obviamente promocionando el próximo libro de Términus (ya algunos saben quién es el autor misterioso). Ni qué decir que también, posiblemente, me dé recursos para invertir en nuevos proyectos. Ya veremos, ya diremos.

Trabajaciones de verano 2017

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Bueno bueno, pasó otro mes desde la última entrada. Definitivamente, es mi organismo el que me hacer acordar de esto en ciclos lunares. Lo que pasa es que a veces me siento antes, y a veces un poco después.

Estas tres semanas de vacaciones he trabajado como un loco. Como un animal de tiro, dirían algunos, tirando de muchos proyectos, algunos medio olvidados, otros no tanto. La verdad es que me siento muy orgulloso, porque pude hacer MUCHO, tanto en cuestiones personales, como de hobby, como creativas y profesionales.

Además de escribir mucho para Alquimia Comics y en trabajar para el desarrollo de nuevos proyectos (algo de eso está comentado en esta nota que nos hicieron para Rosario 12), pude organizar muchísimo material de todo tipo y cerrar varios guiones e ideas, además de ordenar completamente el material para los talleres de guión y generar material nuevo.

Por si fuera poco, pude volver al ruedo del rol con Aerith, como comento en estas dos entradas. Di muchos pasos importantes en la consolidación del reglamento y estoy agregando algunos detalles de ambientación como para cerrar algunos temas. Estoy más que contento con todo lo que pude hacer hasta ahora, y todavía tengo algunos días más hasta que tenga que retomar mi trabajo.

Por si fuera poco, estoy ordenando bibliotecas, leyendo muchas cosas recientemente compradas y otras que esperaban desde hacía AÑOS, y eso incluye principalmente comics. Muchos comics. Noches y noches en la cama leyendo comics. Cómo lo extrañaba.

Y se vienen más cosas para el finde, y los días que vienen.

Así que no me puedo quejar. Han sido una de las vacaciones más fructíferas de los últimos años. Sin duda, el principal adversario siempre es el "¡tengo que hacer más!" Como dije el otro día en FB, a veces había una carrera mental dentro de mi cerebro: tal vez media docena de ideas tratando de ser elegidas para ser la que llegara primero a la meta, y cuando ganaba, era eliminada y aparecía otra más. Eso me costó un poco de insomnio, y es algo que no tengo cuando trabajo. Pero estoy trabajando en eso, y creo que hice muchos progresos. En eso también es positivo: aprendí mucho sobre mí y sobre cómo trabajar en todo esto.

Así que, si bien no estoy pelado como el hombre de la foto, ni usé traje, sí estuve en patas gran parte de estos días, y sí, estaba en una playa mental, que variaba de estado según el mundo en el que estuviera viviendo. De nuevo, no me puedo quejar.

4 años y 12 números no son nada

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Hace unos días me tomé el trabajo, simbólico, de tomar esta foto.

No está posada. Fue la primera vez que el número 12 de la Revista Términus, aquél monstruo gentil que creamos hace cuatro años con un grupo de dibujantes rosarinos, se reunía con sus hermanos mayores.

4 años, 12 números. Miro para atrás y sí, parece ayer.

2012 fue un año muy particular para mí. No recuerdo si lo he mencionado aquí, pero fue un período de muchos cambios, todos para bien, tanto en lo profesional como en lo personal. En lo referente a esto, comenzó en febrero, con la planificación del primer número de la revista, que logramos sacar en octubre, si mal no recuerdo. Poco tiempo después de la Crack Bang Boom de ese año (¡ey, no hacemos milagros!). Allí logramos comenzar a disfrutar todo lo que te aporta esa convención con un pequeño stand en donde pudimos hacer promoción de lo que vendría.

Y así comenzó algo que, en retrospectiva, a veces puede parecer sencillo, porque el sudor ya se secó, la bronca ya se fue, los errores ya se asumieron. Pero que resultó una tarea sacrificada, en mayor o menor medida, para todos los involucrados. Una tarea totalmente ad honorem, porque no ganamos dinero (ni podemos pagar, lamentablemente, las maravillosas contribuciones de nuestros dibujantes y guionistas). Pero una tarea del corazón, algo salido de la necesidad, que todos teníamos, de expresarnos libremente. Algunos, porque nunca habían publicado nada; otros, porque solo podían publicar lo que llenaba la olla y pagaba el alquiler.

Mantuvimos tanto la calidad física como la regularidad planeada, de 3 revistas por año. Así, 2012 se fue solamente con una, pero cerramos 2016 con las dos que emparejan el promedio. En el medio hubo de todo: alguna que salió más tarde de lo previsto, varias que salieron a tiempo pero con gran esfuerzo; tapas que nos hicieron renegar pero luego nos encantaron; muchas contribuciones que nos sorprendieron por el nivel; el interés de autores de gran calibre que nos dejaron sin aire; muchas corridas a la imprenta, a las convenciones, a los centros de envío de encomiendas; "peleas" y reclamos a las distribuidoras por algún pago atrasado; muchas hermosas experiencias en diversas convenciones a lo largo y a lo ancho del país...

2007 fue, para mí, el inicio de mi proyecto en convertirme en guionista. En 2012 pude comenzar a serlo realmente. Ya había publicado antes, un par de veces (una mención en un concurso, y en el número 9 de la revista La Murciélaga, cuyo fundador, Nico di Mattia, nos ayudó con sus consejos en los primeros momentos de la Términus).

Sin embargo, escribir y publicar regularmente, además de ocuparme de algunos asuntos editoriales de la revista, no solo me enseñó mucho sino que también me permitió ganar una experiencia inestimable, la cual luego me permitió comenzar a dictar clases de guión, por ejemplo. Ahora mismo, con el proyecto de Alquimia Comics (que comencé hace unos meses junto a un amigo y alumno del taller, Fede Sartori), puedo poner en práctica mucho de lo aprendido y, sobre esa base, aprender más.

Gracias a los contactos conseguidos y a la experiencia, pudimos publicar en Lisandro Estherren en España, en la Revista Cthulhu (que se ve al lado del 12, en la foto de abajo), una de las historias que más me gustaron, aparecida en el número 5 de la Términus, titulada "La casa de la calle Harding".

¿Qué más se logró en el camino? En la 4º edición de la Crack Bang Boom, de 2014, fuimos invitados de honor del evento, lo cual me permitió conocer a muchos talentosos artistas (y sentarme cerca de Dan Didio, también :) ).

Pero tal vez el mayor honor fue el recibido este año, cuando en la 7º edición de la misma edición fuimos nominados, para el premio Carlos Trillo, como Mejor Antología y como Mejor Portada por el número 8 de la revista. 


La portada del número en cuestión, por
Germán Peralta Carrasoni, portadista habitual
de la revista.

Como digo, el honor ya fue ser nominados: el haber ganado ambos premios ya es algo que está fuera de este mundo. Para mí, y creo que para todos los involucrados, fue el momento más alto de la revista, porque justo cuando estábamos cerrando una etapa, se nos reconocía todo lo logrado hasta ese momento.

Yo, en el medio, con Germán a mi derecha y Bruno, el editor
y principal responsable de la revista, a mi izquierda, justo después de ganar.




Hablé antes del cierre de una etapa, y eso fue justo lo que sucedió en esta convención. El anuncio oficial de que, por ahora, dejábamos de hacer la revista y nos íbamos a concentrar en otros formatos: el de los comics no antológicos, novelas gráficas, libros, o como quiera que se los llame. Habíamos aplicado un proyecto para Espacio Santafesino, una convocatoria provincial que otorga subsidios para diferentes industrias culturales. Días después de la convención nos enteramos que habíamos pasado la preselección y que nuestro proyecto había sido el ganador. Igualmente, de no haberlo obtenido, ya teníamos un plan B.

Así, 2017 verá tres novelas gráficas (¿puedo usar ese término acá?) por algunos de los autores ya publicados en la revista... y uno será una sorpresa muy particular.

De manera que todo lo sembrado creció y me permite sacar frutos que puedo volver a sembrar. Todo por una idea, un concepto que, por suerte, no fue solo mío y que otros, ya desde el primer momento, compartieron y apoyaron, enriqueciéndola con las suyas propias.

Es así que cierro con esta otra foto: el número 12 descansando ya con sus hermanos mayores. 4 años y 12 revistas que descansan en mi biblioteca, pero también, en el de muchas otras personas, a las cuales quiero agradecerles el apoyo tanto por comprarla, como por los comentarios en Facebook, como por asistir a las charlas en convenciones, pedirnos autógrafos, etc. Sigan así, y compren los números que faltan y recomiéndennos con sus amigos y amigas!!

Este año me dejó con poco tiempo, por lo que no pude contar muchas de estas cosas cuando sucedieron. Queda en el tintero, por ejemplo, la reseña de la Crack Bang Boom 7, para mí, mi momento favorito del año. Esperenla, que hay mucho más para contar.

Después de la maratón

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¿En serio cuatro meses desde la última entrada? Sabía que la cosa se había acelerado, pero no pensé que tanto.

Buen, en fin. Pasaron muchas cosas, y sí, ahora que lo recuerdo, no hice todavía la reseña de la Crack Bang Boom de este año, por ejemplo, y que solo de casualidad pude hacer la de Rosario Juega Rol 2016. A la cual me obligué, por cierto, ya que fue mucho más breve y concentrada en una sola cuestión: mi proyecto de juego de rol.

Lo cierto es que fueron meses de mucho trabajo, aunque no demasiado. Lo que sí molestó al desarrollo de los proyectos fue el constante cambio de prioridades y sobre todo, de tiempos. Cambios de horarios, reuniones inesperadas, feriados o paros que alteraban toda la planificación escolar (a veces la cambiaba dos o tres veces por semana, cuando desconfirmaban una reunión, por ejemplo). Como comenté en una entrada de otro blog, a veces planificaba trabajar durante una mañana, pero llamaban de un colegio para adelantar horas, o uno tenía que replantear todo un fin de semana por algún cambio de fechas que obligaba a adelantar una evaluación (las cuales se diseñan, eh, no crecen de los árboles). Fue un tercer trimestre muy complicado para todos los docentes con los que pude hablar, llenos de pérdidas de horas y de constantes retrasos y problemas.

Así que incluso cuando tenía tiempo (por ejemplo en los paros, o en un par de feriados "inesperados"), tenía trabajo, tanto escolar como de guión, principalmente para terminar mi participación para la revista Términus y para los proyectos de Alquimia Comics.

Así que, lentamente, fui viendo cómo se apilaban proyectos, ideas, guiones a medio terminar, propuestas... Y la verdad es que no veo la hora de comenzar con eso, de que sea mitad de diciembre, ya no tener clases y poder sentarme a escribir como loco, rabiosamente, tal vez sin prisa pero sin pausa.

Es lo que hay. Recientemente terminé un guión para un proyecto de antología, pero el segundo sigue esperando los últimos retoques. Tengo que armar dos sinopsis de proyectos, un guión introductorio, terminar un guión de 24 páginas, y algunas cosas más que andan dando vuelta desde, justamente, como cinco o seis meses. Incluyendo, claro, mi ya citado juego de rol, el cual estoy planeando testear en estos meses.

Eso sí, estoy más allá de la ansiedad. Se hace lo que se puede, y de a puchitos, aunque no haya escrito, fui armando un gran esquema de cosas para aprovechar cada momento (como por ejemplo, este lunes feriado). Hoy estuve acomodando mi pieza, tirando cosas, limpiando, preparando todo para el gran momento. Va a ser muy entretenido, de eso estoy seguro. Por primera vez en un buen tiempo no tengo grandes urgencias económicas, por lo que espero que las vacaciones me den espacios de ocio y descanso, mientras trabajo en cosas muy importantes para el año que viene.

Ya se van a ir enterando, en unos meses.

Trabajaciones de invierno 2016 (y II)

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Así que, ¿en qué estuve trabajando todos estos días? ¿Y donde está mi dinero?

En primer lugar, mi prioridad era terminar de corregir cierto libro que cierta editorial quiere publicar. Libro que no tiene una fecha fija de publicación pero que quiero enviar a la imprenta lo más pronto posible, porque hace años que trabajo en el mismo y ya ha crecido más de la cuenta, es más que adulto y, espero, sabrá defenderse solo. Quiero ocuparme de otros de sus hermanos.

Pero la lista era larga, desde reparar unas zapatillas (sí, también soy aprendiz de zapatero) hasta terminar de armar una repisa que yo mismo diseñé (y que me di muchas satisfacciones, hasta ahora, porque me despeja mucho la mente crear ese tipo de cosas). En el medio había también cuestiones relacionadas a la docencia, como planificar clases y trabajos prácticos, ordenar la pieza, como ya comenté, y alguna que otra cosita más.

Pero lo que más me emocionaba, lejos, era lo relacionado a los comics. Eso no quiere decir que no haya disfrutado escribir y revisar los últimos capítulos del libro (sobre el que hablaré más adelante). Lo que sucede es que ya todos los comiqueros de Argentina olemos la proximidad de la Crack Bang Boom 7, y eso pesa. Este año, por partida doble.










Actualmente, ocho de mis doce tareas de Hércules están terminadas. Dos, espero, terminarán en estos días que vienen (no eran tan urgentes, como la estantería, de la que solo quedan detalles). Las otras dos quedarán para estas semanas, porque otra no quedó. Y no tengo nada que lamentar.