domingo 29 de noviembre de 2009

Convenciones: un mundo aparte (I)

Es el lunes 23 de noviembre, son las 2316 horas y no tengo nada que hacer. No escribí nada durante todo el día, salvo emails, y por lo demás, hice cosas importantes, pero nada de lo que suelo hacer en un día común.

Estoy aburrido. No tengo sueño. Falta para medianoche. Estoy vacío creativamente, no puedo sentarme a escribir guiones, ni cuentos, ni nada. En los últimos días vacié frenéticamente mi lista de cosas para hacer.

Entonces leo este artículo de comienzos de año y termina de caerme la ficha.



Tengo que escribir sobre convenciones.

El tema viene dominando mi vida desde hace meses, cuando comenzamos a armar Dibujantes con la gente linda de la ADL. Ahora que eso ya pasó, viene la parte de la exégesis, de las comparaciones, de la investigación, de la corrección y demás.

En el análisis del evento, el grupo organizador quedó muy contento, sobre todo porque tanto el público como los expositores así lo estuvieron. Hubo errores pero fueron pocos y localizados; algunos que no se podían preveer, otros que lamentablemente no pudieron ser corregidos a tiempo; otras cosas que simplemente no salieron como lo esperábamos.

Ahora bien, analizando otros eventos, y con la experiencia local de haber participado y asistido a las 10 ediciones de Leyendas, y de haber leído durante años sobre los eventos realizados en Buens Aires, se forma un patrón.

Después de publicitar Dibujantes en un conocido foro de comics, y sin que nadie respondiera mis post ni me hiciera preguntas de ningún tipo, pensé en una especie de burbuja que (esto lo sé) impide que muchos porteños se den cuenta de que fuera de su ciudad hay un país entero por descubrir, con gente que hace esas mismas cosas pero de otra manera. El reciente posteo en el mismo foro, en el hilo que comenta Animate 09, y la nueva falta de respuestas, comentarios y todo lo demás, me hace pensar más sobre lo mismo.

Nosotros tuvimos nuestra "burbuja", pero infinitamente más federal, en Leyendas. Incluso hubo años en donde vinieron expositores de Uruguay. De hecho, tenemos que agradecer por siempre la existencia de Leyendas y su buen andar, porque gracias a que muchos invitados quedaron contentos con lo que vieron acá, año tras año, no tuvieron problemas en repetir su presencia en Dibujantes, ellos en persona o grupos de conocidos o colaboradores, etc.

Pero dije que había visto formarse un patrón, y no dije cuál. Bueno, es este:
  • convención hecha en un galpón reciclado, sin ventilación ni calefacción
  • sistema de sonido muy malo
  • falta de salas separadas y acondicionadas para diferentes usos, como aulas para dar talleres, auditorios para charlas o proyecciones, etc.
  • entrada "cara" y stands de venta sin descuento y/o a precios exorbitantes
  • invitados de peso que tienen que dar charlas en salas casi vacías, con pobre equipo de sonido y/o al lado de un escenario en donde una banda de covers de anime satura los parlantes y/o donde hay un concurso de disfraces o similar (*)
  • invitados de comic nacional o internacional (occidental): cero o muy pocos; invitados de manga/anime: cero. Invitados que son actores/actrices de doblaje: 1 o más.
  • servicios adicionales dados a los visitantes (estacionamiento, baños decentes, muestras y exhibiciones, etc.) escaso o nulo.
(*) Este tema fue mencionado tanto por gente que me comentó su experiencia en Baires, por experiencia propia en Leyendas y comentarios de Carlos Trillo y otros historieristas, efectuados en publicaciones y sitios de Internet. Según estas declaraciones, los invitados no van o van sin ganas porque saben que tienen que luchar contra el griterío de los de afuera y todo lo ya mencionado.


¿No nos merecemos algo mejor?


Este patrón, aclaro, no incluye a Leyendas (aunque en esta convención se vio una parte del mismo, principalmente en lo edicilio, que fue corregido en los últimos años). En todo caso, es el patrón que veo en todas las convenciones hechas en Buenos Aires.

Como dije antes, lo que terminó de hacerme caer la ficha fue este excelente artículo sobre alguien que la tiene mucho más clara que yo en este tema: Andrés Accorsi. Y para peor, lo escribió hace ya meses. El texto me alegró porque muchas de las consignas allí expresadas se cumplieron en Dibujantes: nos fuimos contentos porque todos se fueron contentos.

El lugar tenía aire acondicionado, auditorio para 200 personas o más con asientos muy cómodos y un ambiente insonorizado, mucho espacio interior, estacionamiento, baños que parecían los de un cine por su lujo y limpieza, un bar surtido y con precios razonables. No perdimos a ningún visitante o expositor, todos fueron recibidos en la Terminal y llevados personalmente al predio. Las comiquerías vendieron muy bien, según yo mismo pude ver, y tenían cosas a buen precio, cosas nuevas y viejas, incluso material muy difícil de conseguir (hasta había stands que vendían comics antiguos!!!). Mi única y principal "queja" fue el tema de los horarios de ciertas charlas, pero no vi a nadie quejándose y creo que tampoco se corrieron tanto, excepto la última charla del domingo. Alguna tenía que pasar, nada es perfecto.

Ahora bien, comparo lo organizativo de Animate 09 (más o menos lo mismo que dije en el foro): sin estacionamiento (a uno le remolcaron el auto), entrada de 20 pesos (lo nuestro fue gratis y a beneficio de una entidad de lucha contra la leucemia!!!), stands con precios decentes y otros caros (eso es así, tiene que haber competencia), pero también stands que vendían CDs y DVDs truchos (y no me importa si lo hacemos en casa, vender cosas truchas es ilegal), sonido malo, bandas que copaban el espectro auditivo sin dejarte escuchar charlas y demás... ¿Se acuerdan del patrón ya mencionado?

Ojo, claro que son dos paradigmas diferentes: Buenos Aires y el Interior. Por un lado, organizadores que buscan hacer dinero (y no hay nada malo en ello). Por el otro lado, organizadores con metas más bien culturales y artísticas, que quieren promover el comic como género y como industria. Y no me vengan con que Leyendas cobraba entrada: que yo sepa nunca dio dinero a lo grande, y más de una vez fue a pérdida. ¿O acaso en este pueblo que es Rosario vimos alguna vez a los organizadores manejando un convertible?

El tema en todo caso es que nosotros, con un evento gratuito, dimos mejores servicios que ellos, con un evento con entrada y mucho más masivo y promocionado. Me siento un poco con lástima hacia los que fueron a Animate 09 y se perdieron lo nuestro.

viernes 27 de noviembre de 2009

Siempre hay que mirar... profundamente

En un post de hace varios días contaba mi experiencia arqueológica en negocios de libros y revistas usados. Desde hace años recorro varios, siempre a la caza de libros usados y antiguos, , y alguna que otra revista o enciclopedia. Sin embargo, ahora se me dio por buscar comics, tanto porque son más baratos como por una cuestión personal.

Hoy, después de cobrar un dinerillo, aproveché que estaba cerca de una librería a la que voy muy de vez en cuando (tienen los libros muy caros, y a veces en mal estado... pero tienen cosas MUY raras, como el diario de Goebbels... bueno, ese no lo compré :D). Para mi asombro, había una mesa completamente ocupada con comics de todo tipo, origen, época y precio, principalmente usados.

Estamos hablando de pilas y pilas y pilas... a ver si recuerdo todo: el grueso era de Marvel e Image (algunas enfoliadas lujosamente), y de DC. No sólo superhéroes, también cosas raras de Star Trek, Babylon 5, etc. Además de los mangas (que no revisé) y de las revistas eróticas de diferente procedencia (que tampoco miré), abundaba el material nacional. Kilos de revistas de El víbora, Intervalo, Fierro (de la época actual, impecables), Nueva Aventura, algunas Comiqueando sueltas, de diversas épocas, también algunas Skorpio y Cimoc perdidas... entre otras cosas nuevas, como números de Bastión, Batman y ciertas series que estaban ahí como saldo y no como usados... Había cosas en inglés, obviamente en castellano e incluso ví un comic de X-men editado en Brasil. Me tomé todo el tiempo del mundo para revisar, ya que tenía tiempo, muchas ganas y algo de dinero (no puedo gastármelo todo!!!).

En realidad no me interesaba casi nada de lo que encontré; ningún número de Batman que me moviera, salvo tal vez el cuarto de La Espada de Azrael, pero solamente estaba ese. Casi no había tomos autoconclusivos o recopilatorios, de manera que la cosa era más para llenar huecos en una serie que para comenzarla. Los números de Comiqueando no tenían historias de Cybersix, así que lentamente volví a mi primera elección: la caja de material nacional "antiguo".

Ahí descansaba una gran cantidad de Nueva Aventura, la mítica revista de comics que venía con el diario La Capital cuando yo era chico (esa historia ya la conté). Afortunadamente, a diferencia de otros comics mucho más modernos y de mejor papel (había revistas muy maltratadas, incluso sin tapa!), casi todas estaban en condiciones buenas o muy buenas, sobre todo teniendo en cuenta el papel casi de diario en el que estaban editadas. A 2,5 pesos cada una, eran una ganga, así que me llevé seis, y planeo repetir el asalto la semana que viene. Espero que nadie más se avive... pero creo que hay para todos.

Mientras leí algunas cosas y pensaba en donde conseguir folios para mis nuevas adquisiciones, y en contar esto en el blog como otra historia de cacería, me puse a pensar (estoy muy pensativo estos días, pero de escribir en el Word, ni de casualidad) sobre la cultura comiquera argentina y los formatos que han tenido. El otro día leía en un foro a un colombiano que lamentaba que en Latinoamérica no hubiera cultura de comics, alabando la enorme trayectoria de cantidad de artistas argentinos, muchos de los cuales triunfan y/o triunfaron en el exterior. Ese post, creo, nos hizo ver a todos que, por comparación, la malaria actual y pasada no era para tanto.

Recordé entonces el debate que suscitó Andrés Accorsi en la charla sobre la revista Fierro, en Dibujantes, sobre las publicaciones que serializan material y a veces los cortan donde no deben. No conozco casos puntuales más allá de Nueva Aventura y Cimoc, las cuales leo cada tanto. Sí creo que tiene razón en algo, yo prefiero las que incluyen capítulos que se continúan no directamente; así me eduqué con Nippur, La Legión, etc.

Lo que me planteo ahora, es qué papel tienen estas revistas en la industria argentina del comic. Lamentablemente, mucho material no puede salir solo, en una revista propia, debido a diversos problemas. Este formato no es único de Argentina, ha existido y sigue existiendo en muchas partes, sin ir más lejos (no puedo, estoy en las antipodas), así es como funciona todo en Japón. Con sueños editoriales en la cabeza, empiezo a creer que hay que apostar fuerte por el formato, sin ir en detrimento de las series convencionales pero sabiendo que existe una alternativa fuerte.

Y ahora me voy a dormir. Me leí una historia de Nippur de Lagash que no había leído, y como siempre, me saca piel de gallina la prosa. Voy a soñar con Sumeria.

jueves 26 de noviembre de 2009

Estoy harto de...

... que haya gente que putee a Leyendas y se "alegre" porque Dibujantes "le rompió el culo".

En realidad no lo escuché muchas veces pero con una sola basta. Como siempre, el que esté libre de pecado que tire la primera piedra. O sea: el que haya organizado un evento multitudinario de comics, rol, anime y varias cosas más durante 10 años seguidos, que se sienta libre de criticar... de buena leche. La mala leche no se permite nunca.

Este comentario me hace enojar por partida doble. Por un lado Leyendas, con todo lo mejorable o discutible que haya podido tener, marcó un antes y un después en la historia del fandom rosarino, provincial y nacional. Pocas o ninguna convención de este tipo en Argentina duró tantos años seguidos, sin experimentar cortes ni bajones repentinos, incluso en años en donde el país estaba hundido hasta la coronilla, como en 2001-2002. Por si fuera poco, lo hizo con mucho estilo, siempre cambiando y mejorando, siempre tratando de agregar más a la experiencia. Sus organizadores me merecen el mejor de mis respetos, porque lo hicieron de corazón, ninguno se llenó los bolsillos y casi seguro que más de una vez perdieron plata.

La otra parte que me duele es que nunca nos propusimos Dibujantes para demostrar quién era más macho o la tenía más grande, ni ninguna pelotudez similar. Lo hicimos para homenajear a Osvaldo Laino y todo su labor y su dedicación, al testimonio de trabajo que les da a todos los dibujantes; con él también queríamos homenajear a otros muchos grandes que lamentablemente son poco conocidos pero son puntales para la historia del comic nacional. Lo hicimos para foguearnos como asociación, para mostrar nuestro trabajo y esfuerzo a otros, para motivar a otros, para enseñar a otros, para ayudar a otros. No vino del egoísmo sino del darse, del compartir, tanto dentro de la ADL como con los demás. Por eso me jode que hagan comparaciones que, más que odiosas, son detestables.

lunes 23 de noviembre de 2009

Siempre hay que mirar

El viernes fui a mi librería favorita a pagar cuentas ya pasadas. No iba a comprar nada, pero como siempre, encontré cosas que tenía que mirar.

Primero fue una pila de comics (luego regreso sobre eso), y de ahí salté a algunos libros sobre historia militar y finalmente a un asombroso descubrimiento: el nº 17 de Nam, una enciclopedia de 20 fascículos sobre la Guerra de Vietnam. Hace AÑOS que busco ese número, el único que me faltaba. Así que lo tuve que comprar. Qué lástima.

Vuelvo al tema de los comics. No son el fuerte de UyS, no es por eso que voy ahí. Pero había una extensa colección de revistas antiguas de comics Paturuzito (ahora entiendo por qué nos dijeron en Dibujantes que NO eran como las que nosotros imaginábamos). También había una gran pila de revistas Skorpio en perfecto estado.

Me detengo en esto. Antes de ir a UyS pasé por Rayuela, recordando que tienen una gran pila de comics usados de todo tipo, supuestamente a precios razonables. Bueno, no está más. Había solamente dos cajas casi vacías con cosas de Amalgam (qué asco, por Dios!!!) y números sueltos de Spiderman y otras cosas de Marvel, y nada más. Me llamaron la atención las Cimoc, pero principalmente las Skorpio a 4 pesos, en excelente estado.

Las mismas Skorpio con las que me encontré en UyS. Lo que resaltaba más era el estado: todas impecables, como sacadas de un depósito. Eran de 1993, por lo que vi en una de ellas. No parecían ser usadas, salvo que el dueño fuera coleccionista y las vendiera en paquete, pero creo que algunas estaban repetidas. Las Paturuzito, en cambio, sí eran material viejo de colección, remarcado por su precio de 10 pesos.

No tenía más dinero, y de hecho como estaba en rojo, no compré ninguna; igualmente miré con curiosidad otra revista que nunca había visto, Bastión, que sacó Gárgola. Sinceramente ni la conocía, ¿será eso parte de su fracaso, la poca publicidad/mala distribución, o simplemente la extinción de la rama comiquera de la editorial?

Reflexiones mercantiles sobre saldos, usados y nuevos. Qué sé yo. Aprovechen los que se interesen. Pero aprendan la lección que aprendí yo: siempre hay que mirar. Es mejor lamentar no poder comprar algo, que morir en la ignorancia.

sábado 21 de noviembre de 2009

Dibujantes: una experiencia inolvidable (y III)

La segunda parte está acá.

Creo que ya casi todos saben que hace tiempo que no tengo trabajo, algo que lamentablemente no es poco común en un país tan inestable como el nuestro. Cada uno, sin embargo, lo sufre de manera diferente.

Mi forma de sufrirlo fue no dejarme caer, levantarme siempre que una entrevista no resultaba, que me prometían un encargo de diseño que no se cumplía (si tuviera 25 centavos por cada vez que me pasó...), o que la suma de un montón de iniciativas terminaba en la nada. Claro que eso cuesta, y cada tanto se hace pesado; luchar contra algo así desgasta mucho el ánimo.

De manera que el proceso por el que estaba atravesando estos días no era raro. Por un lado, había concluido dos novelas y algunos proyectos menores, con lo cual estaba más desocupado; por otra parte, tenía más tiempo para pensar y una sensación, tal vez errónea, de que tomarse un descanso era negativo, porque desaceleraba mis proyectos. Tenía varios proyectos a punto de comenzar, pero había dejado atrás la certeza de que me ayudarían a conseguir algo; simplemente los hacía para no volverme loco. La lucha entre la necesidad de hacer algo y la de no hacer nada fue algo sutil pero constante. También, la sensación de que, hiciera lo que hiciera, no sería suficiente.

De esa negatividad, de ese pesimismo mezclado de esperanza, de esa depresión en la que no quería caer, pasé a un estado de ansiedad. Quería estar en Dibujantes. Algo me decía que iba a encontrar algo muy importante.

¿Qué fue? Una nueva familia. Un nuevo modo de ver, hacer y pensar las cosas.

Creo que puedo ejemplificar los diversos aspectos de este sentimiento, de esta idea, en tres simples anécdotas, que no por ser pocas dejaron de ser intensas.
  1. El sábado cerramos con una hamburgueseada, en la cual todos estábamos mezclados: famosos con no famosos, etc. etc. Por una cuestión de casualidad, en la última mesa que armamos se sentaron varios pesos pesados del comic nacional e internacional: Eduardo Risso, Marcelo Frusín, Diego Agrimbau, Laura Vazquez, Diego Accorsi, Leonardo Fernández... Yo estaba en la mesa contigua, y después de comer algo, me empezaron a temblar los dedos. Mi espíritu periodístico, que había cubierto ya muchas Leyendas y otros eventos rosarinos, me decía que tenía que tomar esa foto, esa foto que sería única y ¿daría la vuelta al mundo? Bueno, no por mí, sino por lo que significaba tanta gente junta en nuestro evento. ¿Qué pasó? De todo, como pueden ver. Mala luz, el pobre de Risso salió con los ojos rojos, cuernitos... Lo peor fue que en el momento no me di cuenta de todo eso, estaba tan limado que fue una suerte que saliera bien encuadrada. Más tarde, lo que parecía una foto para borrar y una oportunidad desperdiciada, sin embargo, se me presentó como una metáfora. Más que una foto profesional, hecha en serie, era reflejo de un momento irrepetible. No había salido seria porque no estábamos en un funeral: era una foto de familia, de esas que cualquier de nosotros saca al voleo y que luego, técnicamente, está llena de errores, pero que uno no tira porque hay algo ahí que nos ata a eso. Y a mí me ata al recuerdo de que tengo una especie de familia profesional que me apoya, me cuida, me integra.
  2. Al mostrar mi carpeta de Cuna de Héroes, uno de los invitados de LA Comics se me acercó para elogiar el dibujo de Sebastián Zalasar. Charlamos acerca de influencias, estilos y demás, y él me aseguró que quería un dibujo de Sebastián. Yo todavía no había captado, pero empezaba a hacerlo, esa forma hermosa de regalar que es hacer un dibujo. Es algo que yo no puedo hacer, y que me deja con la boca abierta. Le respondí a este muchacho que Sebastián no estaba, pero que tal vez vendría; yo no había recibido confirmación sobre su asistencia. El domingo se reiteró su pedido, y le dije lo mismo. En las últimas horas de ese día, se me hizo evidente que Sebastián no iba a venir. Como único gesto posible, se me ocurrió regalarle las tres primeras páginas de Informe especial, tanto para agradecer su interés y como para dejarle anotada la dirección del blog. ¿Qué hizo este muchacho? Me regaló una pila de sus fanzines, los cuales no había podido vender. No supe qué decir: no era uno, son como media docena!!! y de muchas páginas. Es así como debería ir el mundo, me parece: cierto que no se puede comer el amor, pero si fuéramos apenas un poco más atentos con los demás, si no mezquináramos tanto, si viéramos que hay cosas que valen mucho más que el dinero... ¿Saben qué es lo curioso, cómo se cierra el círculo? Esas hojas fueron impresas por un amigo mío, cuando le pedí un favor porque mi impresora andaba mal. ¿No es maravilloso? De regalo en regalo...
  3. En la última charla del domingo, se recordó al Oso Rosello, ilustrador y músico tucumano. Yo no lo conocí personalmente, y desde hace un tiempo vengo viendo comentarios que lamentan su muerte por todas partes. Estar allí, sin embargo, fue diferente. Varios lloraron sus pérdidas, y no sólo la suya, sino otras más viejas. La mención tan emotiva del Oso casi me hace llorar, a mí, que nunca lo conocí. Había ahí tanto amor, tanta amistad, tanta comunidad, que todas las dudas que expresé antes, todas las dudas que tenía al momento de comenzar el evento, se evaporaron. Estaba en casa. A lo mejor iba a seguir sin trabajo y mal de amores, pero tenía eso que no encontré, hasta ahora, en ninguna otra parte.
Creo que todo esto ya cierra lo que tengo que decir. Probablemente mi corazoncito de periodista me obligue a escribir, en estos días, una crónica paralela, más sobria y formal, de lo que pasó. Claro, no demasiado formal ni sobra, porque no se puede enfriar tanto algo tan pasional, tan hermoso.

Pero hasta acá llego. Por lo menos, por ahora: la influencia de este durará mucho, mucho. De eso estoy seguro.