Buscando las costas de Avalon


Como otras veces, varios acontecimientos se conjugan para que las ideas caigan, por su propio peso o por el de otras ideas.

Por leer algunas cosas recuerdo que una forma de ver el arte es como la búsqueda de la perfección. Eso que no está ahí, ni en ninguna parte. La perfección no existe, aunque digamos que ese cuadro, esa canción, ese comic, esa novela lo es. Porque en el fondo, ningún artista estará conforme con su obra. Un verdadero artista no se detiene nunca, ni llega jamás a la perfección. Los demás verán un destello de ella, producto de la búsqueda, pero él sabe esa verdad íntima.

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Un grupo de colegas creativos creen, muy errados, que como artistas que desean ser, lo mejor es ensayar todo mil veces, para luego mostrar el fruto, supuestamente maduro, de tamaña tarea. Pero no se puede. He intentado hacérselo saber no desde mi filosofía, sino desde la realidad pura y dura del mercado cultural. Allí, lo importante es publicar, aparecer. No importa si no eras nadie antes, si tu trabajo es todavía mediocre o si se ven las semillas de un genio. Ya tendrás tiempo de crecer. Tu primer obra publicada es tu certificado de nacimiento.

Claro que hay una enorme cantidad de hijos naturales que no tienen documentos. Pero ellos encajan en otro tipo de mercado cultural, que no requiere papeles. Ni mejor ni peor; sin embargo hay que saber la diferencia y estar dispuesto a estar en uno, en otro o en los dos, y saber qué se necesita en cada caso.

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Me comenta un amigo sobre un gran dibujante argentino: "dice que el 80% de lo que hace no le gusta, pero igual lo vende". ¿Es el artista un estafador? No si avisa, no si el público cree que de todas maneras es genial (por convicción y no por moda, ahí está la cuestión). Lo cierto es que aquí y allá, en los comics y en la literatura, en mayor o menor medida, los que permanecen no son solamente los mejores. No son los que se acercan más a la perfección, sino los que saben equilibrar esa búsqueda con el hecho de que, una vez en el camino, también hay que comer. Uno sale a encontrar las costas de Avalon en su hermoso galeón de velas de seda, pero la travesía es larga y hay que detenerse a echar las redes y ver que pasa.

¿Acaso Leonardo da Vinci y tantos otros de su época eran impolutos artistas que hacían lo que hacían por que sí? Pues no, mira de cerca. Pintaban y hacían lo suyo por encargo, porque un mecenas les daba todo lo necesario; de otra manera poco probable hubieran sido la Última cena, la Mona Lisa y tantas otras cosas. ¿Mercenarios? No, personas como tú y yo que tienen que comer y dar de comer. El único arte que gratis fue el de las cavernas.

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¿Así que hago un dibujito y vendo millones? Pues no, no te hace artista. Pero a veces es necesario. El profundo error de mis colegas creativos es pensar que se puede alcanzar dicha perfección en una vida humana. El intento de siglos de artistas ha demostrado lo contrario. Y sin embargo, su arte brilla más por eso.

Lo veo ahora más claro, luego de conocer a varios profesionales del ramo de comic. Uno madura, evoluciona, y nunca hace dos veces lo mismo. Pifia, erra, a veces se atasca. Pero atascarse implica atrasarse. Alguien más seguirá de largo y te pasará, no en calidad, pero sí demostrará que ha repetido mejor ese lento ritual de comenzar todo de cero, de nuevo, otra vez.

Y si no, mira la segunda parte de Año Dos, de Todd McFarlane. No hay una sola página de la misma calidad. Empieza mal, ¿cómo diablos logró este tipo que lo eligieran para hacer Año Dos? ¡Es Batman! Pero página a página, incluso para mis ojos no-dibujantes, mejora y termina haciendo algo bueno. El secreto es que no hizo y rehizo las páginas mil veces, sino que apostó lo mejor de su voluntad y su arte en cada una de ellas por separado. Y aprendió.

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Claro que a veces uno quiere repetir. Las historias evolucionan, los trazos, los diseños, los personajes. Crecen de la nada y uno los quiere como hijos. Pero cuando va a mostrárselos, orgullosos, a los parientes y amigos, han crecido tan rápido que la ropa ya no les queda, necesitan nuevos zapatos y tienen la voz gruesa. ¿Qué ha pasado? Y sin embargo, como los niños, tal vez pierdan la inocencia o el carisma infantil, pero uno los quiere igual, porque han ganado otra cosa. Ahora son adolescentes y quieren ser adultos: tienen más firmeza, ya no se caen ni hay que hacerles sana-sana. El orgullo pasa por otro lugar.

La verdad es que no se puede vivir en el pasado. O te condenas a ti y condenas a tus obras. Tienes que tener en claro cuando alejarte, saber cuando tu obra ha cumplido 18 y ya puede elegir si fuma o no. Y luego te tendrás que aguantar que salga con esa mosquita muerta que vive frente a tu casa, y que se desengañe solo.

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Claro que puedes volver al pasado y visitarlo para ver cómo han cambiado las cosas. Es el camino del héroe, ¿no? El artista es una especie de héroe desdichado y trágico, si tenemos en cuenta que busca algo que nunca encontrará (y para colmo lo descubre en un punto u otro del viaje, pero no claudica).

Pero solo puedes volver al pasado cuando ya eres alguien. Cuando te has destacado. Tal vez no has matado a dragón pero sí has salvado a un par de damiselas en peligro. Te espera tu princesa, pero un par de caballeros negros han mordido ya el polvo bajo tu lanza.

Te has divorciado de tu disquera de origen, te has peleado con tu editorial de siempre, te ha traicionado tu Judas (tu editor, claro, el muy turro) y has visto crecer a tu prole. Algunos de estos hijos e hijas te reclaman. Tal vez una edición recopilatoria, una edición ampliada, una en tapa dura con otro prólogo, un libro de bocetos, una versión a color o sin fe de erratas (las has eliminado a las muy cretinas).

Dirán que es por el dinero. Sí, dirán que lo haces por el dinero, porque esas ediciones recopilatorias y demás suelen ser solo para eso. Y es que muchos artistas que han ido no tienen lo suficiente como para volver. Y entonces tienden las redes allí donde ya han pescado antes, porque esa chispa se ha ido.

Puedes visitar el pasado para ver los cambios, pero no te quedes viviendo en él.

Hace poco leía que Pearl Jam va a sacar una re-edición especial de su primer disco, Ten, que sacudió el mercado de la música allá por inicios de los 90s. Ese disco que ni nombre de tapa tenía, porque ellos no se ponían de acuerdo. Y no van a hacerlo así nomás. Trabaja todo el equipo original que participó en ese momento, incluyendo los que diseñaron el arte de tapa. No solo será un CD, no. Según las versiones puedes comprar también el LP (a Pearl Jam les fascina el vinilo), e incluso la versión definitiva incluye un facsimil del cuaderno de notas de Eddie Veder y del ya mítico cassette que él envió a Seattle, con su canto solapado a las canciones de los otros tres miembros de la banda, que estaban buscando vocalista.

Ah, pero no termina la cosa. Se han tomado la molestia de incluir la versión origial del Ten y una remixada por el productor Brendan O’Brien, una especie de jammer en las sombras que los acompaña desde hace muchos años. Porque lo original sigue siendo bueno, y no necesariamente se acerca más a la perfección que lo que haces ahora. A veces es divertido y creativo avanzar haciendo círculos.

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Y es que algo fundamental es saber la diferencia entre ir en círculos y girar sobre un punto. En el primer caso avanzas despacio pero recorres mucho terreno; puede ser un buen modo de buscar las costas de Avalon. En el segundo caso solo te quedas ahí, mirando pasar el tiempo y creyendo que eres bueno porque llegaste a alta mar. Giras en el agua como tu mente gira sobre tu ombligo. No es algo muy productivo que digamos, pero el mareo que le produce a algunos es suficiente como para creer que son los mejores artistas del presente y del futuro.

Porque, en definitiva, todo esto se trata de saber qué y quién eres. Un artista. Recuerdo que, en primero segundo año de la universidad, una profesora muy desagradable, pero ciertamente inteligente, nos preguntó: "¿Ustedes saben que vienen aquí a ser científicos? ¿Quiénes se consideran científicos?" Solo yo intenté levantar la mano, pero el saber que era el único en casi cien personas me dio algo de vergüenza.

Pero tenía razón. No te conviertes en científico, en artista o en algo así de la noche a la mañana. Debes trabajar en eso. Debes ser uno aunque realmente no lo seas.

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Pearl Jam también va a reeditar su discografía completa, de cara a su 20º aniversario en 2011. De nuevo, ¿solo buscan dinero? Difícil de una banda que reitera una y otra vez su participación en cuanto recital benéfico serio se haga en EEUU. Más bien es que han alcanzado otra cima.

Se han divorciado de su disquera original (Sony), se han peleado con varios bateristas, han cambiado esto y aquello, han puteado a Bush y han apoyado a este y otro político, se han calmado y no han parado de sacar discos muy diferentes entre sí. Desde la furia adolescente del Ten y el Versus, hasta la locura del Vitalogy, el rock loco del No Code o del Yield, la misteriosa locura sonora del Binaural o el manifiesto político del Riot Act.

Recién su octavo disco de estudio se llama Pearl Jam. La tapa es medio aguacate con semilla. En la contratapa está el aguacate sin semilla. Adentro está la semilla.

Aparentemente, "Ed estaba al final del proceso y dijo, por lo que a mí me importa ahora, hemos hecho un trabajo tan bueno en este disco, y estamos un poco cansados de él. Tiremos un aguacate en la portada". (1) ¿Para qué esforzarse más? Pearl Jam ya estaba allí, y no hacía falta quemarse los sesos pensando. El artista respira su identidad, su arte.

Muchos años más tarde, ese grupo de chicos que no sabían cómo llamarse, ni quienes eran, encuentran su identidad en ese conjunto de canciones. ¿Quién puede culparlos por querer rehacer su opera prima? "Estaba sobrerrokeado, éramos novatos en el estudio y gastamos demasiado tiempo grabando, haciendo diferentes tomas, y matando el vibe y retocando demasiado toneladas de guitarras. Hay un montón de reverberación en el disco." (2)




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La búsqueda de Avalon tiene como objetivo la búsqueda de Avalon.

Transitar por ese sendero de búsqueda es la tarea máxima, definitoria, del artista. Es difícil arrancar y es fácil detenerse a pensar demasiado, mirar demasiado, buscar demasiado. En el fondo, también hay que saber abandonar: lo que dejamos volverá a estar allí cuando decidamos volver. Porque siempre, aunque no queramos, deberemos volver.

Lo esencial es no detenerse. Tal vez la perfección sería el estar en todo el camino a la vez, el milagro de la ubicuidad. Pero a falta de él, solo queda caminar, recorrer, descubrir y redescubrir (a otros y a nosotros mismos). No habrá un sentido porque no hay meta fija, pero el sentido estará cuantos pasos demos.


Mis gracias al señor M. C. Escher
(y mis disculpas por reinterpretar su genialidad poniéndola de cabeza)

2 comentarios:

Dogui dijo...

Qué felices somos quienes no tenemos pretensiones de artistas. Siempre me preguntan por qué es que dibujo, y la realidad es que quiero contar historias. Cada dibujo puede contar una historia, y dibujar cómics aun más.

Me rechinan los dientes cada vez que, en inglés intentando conseguir trabajo, tengo que usar la denominación "artist" para significar dibujante.

Creo que el ser artista es como los géneros dramáticos, musicales, fílmicos. Es el público, por convención, quien decide qué es arte y qué no lo es.

PD: "Mis gracias al señor M. C. Escher
(y mis disculpas por reinterpretar su genialidad poniéndola de cabeza)"
Ja, sutil :)

Capitán Hidalgo dijo...

La de lío que he tenido que hacer para poner semejante cosa... aunque en la vida real creo que mide vaaarios metros, así que tal vez no debería quejarme tanto.

Veía hoy a Clint Eastwood contestando sobre si le interesan los premios. Acaba de hacer una peli con Angelina Jolie haciendo de mujer normal, no de perra supertrola que aparece siempre desnuda o semidesnuda (vamos Clint, lo lograste!!!). En fin, él decía que solo hace la película, que como toda obra se la entrega al público, se despega y que sea lo que sea... ya está pensando en otra película.

Es lo que me pasa y lo que veo de muchos que hacemos estas cosas. Tienes que despegarte, no sofocarte (por eso resalto negativamente la pobre historia de mis colegas, que creen que deben rehacerlo todo).

Al principio me sorprendió un poco lo que dijiste, sobre que es el público quien decide si es arte o no. No porque no lo crea, sino porque no esperaba que lo dijeras. Pero es algo así, de alguna manera. Es allí donde entra la aprobación no solo del público, sino del mercado, que es el que te dará de comer, siempre y cuando quieras comer de esto.

He tenido toda la vida el ansia clavada de expresarme, contar las cosas que se me ocurren. Y punto. Que lo demás sea lo que sea. Pero denme algo de comer, porque tengo hambre :D