Oblivion (2013)


Muchas veces pensamos que todas las historias de ciencia ficción producidas en EEUU son más o menos iguales: historias de acción disfrazadas para justificar explosiones más grandes o vueltas de tuerca que el realismo de una historia contemporánea no podría soportar.

Sin embargo, no siempre es así, y estas pequeñas perlas en un mar de precuelas, secuelas, remakes y mil y un disfraces son muy bienvenidas. Oblivion es una de estas perlas.

Con un argumento sencillo pero muy eficaz, el buen uso de algunos tópicos de la "verdadera" ciencia ficción (que no mencionaré para no caer en spoilers) y el planteamiento de algunos puntos filosóficos interesantes, resulta una buena película de ciencia ficción, con algo de acción, pero principalmente una historia con personajes.

No tenemos ni héroes que lo saben/pueden todo, ni tecnología misteriosamente todopoderosa, ni un apocalipsis perfecto, ni nada de lo que podemos esperar. Tenemos algo diferente, y eso, como ya dije antes, es muy bueno. Sobre todo cuando los detalles encajan y la historia no tiene huecos.


Una historia postapocalípticamente original
Jack Harper (Tom Cruise) es un hombre casi feliz. Tiene una hermosa esposa, un gran hogar y un futuro prometedor. Pero su trabajo, algo monótono, conlleva ciertos riesgos.

Casi medio siglo atrás, la Tierra fue atacada por una raza alienígena que buscaba saquear los recursos naturales del planeta. Ellos destruyeron la Luna, causando la caída de miles de meteoritos, que a su vez demolieron la superficie terrestre. Los tsunamis y terremotos terminaron con otra parte de la Humanidad, y el hambre hizo el resto. Los terrestres respondieron con todo el arsenal nuclear, dejando a la Tierra en un estado lamentable. Como consecuencia, ningún lugar es habitable.

Ahora bien, mientras la Humanidad termina sus planes para escapar definitivamente de su antigua cuna, y asentarse en Titán, una de las lunas de Saturno, alguien tiene que hacer la limpieza. Es así que Jack habita una estación de control junto con su compañera de trabajo y esposa, Victoria (interpretada por Andrea Riseborough). Para poder partir, es necesario recolectar lo poco que queda de útil en el planeta, principalmente el agua de los océanos.

El problema es que los extraterrestres sobrevivientes intentan dañar las gigantescas estaciones de bombeo. Jack se encarga de reparar "a domicilio" los drones de defensa derribados, además de intervenir, cada tanto, en algún ataque particularmente feroz, mientras Victoria es su oficial de comunicaciones y coordina sus acciones con el Tet, la nave que los espera en órbita.

Pero aunque el trabajo es a veces difícil y tenso, Jack está por terminar su turno. En dos semanas, el Tet habrá reunido suficientes recursos como para iniciar el viaje a Titán, y pronto se establecerán en la nueva colonia.

¿Entonces, por qué digo que Jack es casi feliz? Porque hay algo dentro que le interroga, que lo deja en suspenso sobre ciertos temas. Ciertos recuerdos que no comprende, ciertos sueños que no parecen suyos, y ciertas inquietudes que están prohibidas en el mundo tan prometedor que resulta su burbuja. Ciertos detalles que no encajan, y que Jack no tiene cómo hacer encajar.

Con un punto de inicio tan interesante, intrigante y sugerente, nos adentramos en una película de dos horas que nos mantiene en un suave y constante suspenso, con buenos giros de la trama, pero sin sorpresas absurdas ni exageradas.


Narrativa visual al servicio de la historia
Uno de los defectos de ciertas películas de ciencia ficción (que como ya dije antes, suelen ser de acción enmascaradas de ciencia ficción) es su uso indiscriminado de pirotecnia visual sin sentido, simplemente por el gusto de hacerlo y sin que exista una justificación real.

En Oblivion, afortunadamente, no sucede esto. Nos encontramos frente a la perfecta construcción de un mundo con grandes opuestos. Por un lado la Tierra, radioactiva y devastada. Por otro lado, la elevada burbuja de tranquilidad, pulcritud y precisión en la que viven Jack y Vicky, con una tecnología prístina y casi perfecta que integra una vista imposible en una casa por encima de las nubes.

En ambos casos tenemos una descripción visual que ya nos dice todo. No tenemos explicaciones a la cámara de cómo funciona esto o aquello: simplemente lo vemos, antes o después. No requerimos que alguien nos explique hasta el último detalle de cómo sucedió la destrucción de la Tierra: las imágenes de los primeros minutos, brutales y tremendamente evocativas, nos dicen lo principal, mientras desgranamos el resto durante toda la cinta.

Ciertamente, la película tiene su cuota de acción. Pero incluso ahí no cae en lo fácil: no tenemos tiempo bala, ni cámaras lentas, ni edición acelerada, ni ningún artilugio que convierta la historia en un chicle visual. Hay persecusiones, tiros, acrobacias aéreas, suspenso, pero no más de lo necesario. Y lo que no sobra tiene menos posibilidades de resultar negativo para el conjunto.


Un elenco atrapado en una historia llena de sorpresas

Con Tom Cruise en el protagónico y Olga Kurylenko y Morgan Freeman en papeles más o menos secundarios, la cinta tiene varios puntos fuertes desde lo actoral. Si bien el papel de Freeman es pequeño y se nota que lo hace de taquito, es una buena adición, ya que calza bien con el personaje. Tom Cruise, más allá de lo que se pueda decir de él en otras cuestiones, resulta un actor eficiente y aquí lo demuestra, planteando un personaje complejo, con una buena carga física pero también emocional y mental, que sabe sacar a la superficie en los momentos adecuados. Kurylenko, finalmente, da un buen punto, ya que termina de cerrar una película en la cual los personajes son reales, con todas las debilidades, dudas e inquietudes de una persona envuelta en situaciones que constantemente los ponen a prueba y muchas veces los superan.

Estas situaciones, como ya dijimos, no resultan exageradas ni aportan giros absurdos. Rápidamente vemos que algo no encaja, y ese desplazamiento del personaje, y de la situación misma, se nos va revelando como en un rastro de migas. Antes de la mitad de la cinta ya sabemos mucho, pero no terminamos de intuir el final, con varias capas, ni sabemos cómo los personajes llegarán al mismo.

En este sentido, se agradece la sinceridad y la sencillez de la cinta. Muchas veces los guiones necesitan marear al espectador con situaciones fuera del contexto simplemente para evitar mostrar atisbos de un final tan soso y previsible que destruiría la película si lo intuyéramos en los primeros minutos. Oblivion, por el contrario, se nos revela, capa por capa, de manera natural y lógica, recurriendo con lo justo a los saltos temporales y los recuerdos de los personajes.


Un argumento sólido y sin conceciones
Un detalle que ha pasado desapercibido por muchos: la historia se basa en una novela gráfica (mejor dicho, un comic) coescrito por el mismo director, Joseph Kosinski. El mismo quería, desde hacía tiempo, pasar la historia a la pantalla grande, pero para eso necesitaba un estudio. Pues bien, luego del semiéxito de Tron: Legacy, Kosinski tuvo la oportunidad de plantear esta posibilidad ante los estudios Disney.

Por lo que se sabe, estos compraron los derechos de adaptación, pero luego le pidieron al autor que filmara una película apta para todo público. Sin embargo la historia estaba lejos de poder ser una película familiar, y Kosinski rápidamente comprendió que estaría creativamente muy restringido por el estudio, de manera que rechazó la oferta de Disney para que adaptar su historia para el cine.

Como sucede regularmente en la industria, Disney volvió a poner a la venta los derechos de adaptación, que esta vez pudieron ser comprados por Universal, estudio que antes también había estado interesado en los mismos. Ellos permitieron la filmación de una cinta para mayores de 13 años, tal como Kosinski quería, de manera que el proyecto despegó luego de la escritura del guión. Desde ya que resulta una actitud para aplaudir de parte del director, que no doblegó sus ideas frente a las expectativas del  primer estudio.

No por nada nos encontramos con una historia auténtica, sincera, directa. Está lejos de ser una más de muchas, y también lejos de ser una película "vende humo". No existen falsos fondos argumentales, trampas mal armadas para espectadores que huelen el engaño a medio kilómetro, ni huecos argumentales por los que queda un camión (como ha sucedido con Prometheus, la mayor película "vende humo" de los últimos años). Si bien tal vez no nos incite a una profunda y sesuda reflexión filosófica, no deja de ser una buena película de ciencia ficción, seria y con muchos giros interesantes para comentar. Y eso es más de lo que se suele ver habitualmente.




Como siempre, les dejo un trailer, en este caso el internacional, subtitulado (con un pequeño grave error, pero por lo demás, bien hecho). Para mi gusto revela demasiado sobre la trama, pero es una buena manera de acercarse a la película si todavía dudas en verla.


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