Lazer ha muerto, viva Lazer


La tapa del mítico nº 1 de Lazer
Como una lápida, la web de la mítica revista argentina de anime, manga y comics, cae sobre el ánimo de muchos (o unos pocos, no sé). Una serie de sucesos desafortunados ha terminado de precipitar su desaparición.

Hace muchos años que no la leo, pero como sucede con otras publicaciones, programas de TV o películas, seguía la opinión de algunos en foros y conversaciones. Como siempre durante su larga historia, tuvo detractores (no tanto de la publicación, sino de uno de sus autores) y fanáticos de todo tipo.

Pero remontémonos al pasado, sí, al lejano pasado de mi adolescencia. Era 1997, y teníamos 16 años, más o menos. Mis amigos y yo éramos de la época de Robotech, Los Caballeros del Zodíaco, Mazinger Z (y Arbegas, y Voltron, y...) y Sailor Moon (el boom del momento, incluso entre los chicos). Ni hablar de Dragon Ball Z. Pero sólo sabíamos lo que habíamos visto en la TV: yo no tenía VHS, y no podíamos grabar episodios a falta de dinero para videocassettes. No había canales de anime, y los de animación sólo lo pasaban mezclado con series yanquis para nenes, en horarios malos o rotativos, y cada tanto reiniciaban toda la serie de la nada. Internet era un lujo: en mi casa yo tenía, pero sólo para bajar emails después de las 20 horas, cuando la tarifa del teléfono bajaba de precio (¿banda ancha? ¿qué es eso?).

En ese momento un amigo, que estaba más metido que yo en lo del comic, me pasó el dato. Compré la revista, en una de mis esporádicas visitas a una comiquería (nunca tenía mucho dinero). Recuerdo que un par de veces la llevamos al colegio, y la sacábamos en el recreo para charlar sobre ella y lo que decía. Era como tener una porno, no tanto porque Serena Tsukino apareciera en polleritas, sino porque era una prueba de que eras un friki de aquellos, y luego tenías que aguantarte cargadas de todo tipo (no nos pegábamos como en las preparatorias yanquis, pero era colegio católico sólo para señoritos, así que imaginen lo que osábamos decir).

Así que mi grupo de amigos frikis nos juntábamos alrededor de ese mítico primer número, y luego del segundo, supongo (en el que ya sí aparecían dibujos hentai, así que por las dudas dejamos de llevarla), como se juntan los vagos de las películas yanquis frente a un tacho de basura con fuego (y basta de comparaciones con películas yanquis).

Pasó el tiempo y nos graduamos del secundario. Yo era de los pesados, contrabandeaba figuritas de Sailor Moon en la fila mientras esperábamos el izamiento de la bandera. Ahora lo digo con orgullo de otaku, pero no sabía lo que hacía. De haber sido descubierto hubiera recibido los apodos más coloridos de la extensa historia de nuestra institución educativa.

¿Qué era Lazer para mí? Supongo que lo mismo que era para muchos. En primer lugar, un amigo informado, que sabía cosas que nosotros no. Averiguábamos nombres de autores japoneses, series y películas que nunca veríamos (o eso pensábamos), detalles de la historia que se nos habían pasado, episodios eliminados o censurados, veíamos páginas del manga o fotos de gente que no conocíamos...

La También era un compinche, que nos regalaba dibujos de niñas poco vestidas, alguna foto atrevida de Pamela Anderson y cosas así. Todo con un aura de humor, porque los autores sabían muy bien que sus lectores eran tanto chicas como chicos normales, con una afición poco conocida y en lenta expansión.

Lazer siempre se caracterizó por tres cosas: su falta total de periodicidad (salía cada tres, cuatro, cinco meses, en cualquier momento del mes) y su cuidada desprolijidad, que iba desde errores ortográficos y texto sin justificar hasta un vocabulario callejero. Porque, de nuevo, los lectores eran pendejos y pendejas que no tenían por qué leer frases bien armadas o palabras muy largas.

Otro de sus pilares era el humor irreverente, asqueroso, oportuno, balanceándose entre lo friki y lo cotidiano. Recuerdo con una sonrisa de oreja a oreja secciones como la de los chindogus, el No podés, y el Rincón de El La Canción. Era una revista imposible de leer en el colectivo, excepto que uno quisiera que treinta personas lo miraran como un loco de remate. Me partía de risa, me dolía el estómago después de leer esas secciones.

¿Qué pasó después? Me cansó la falta de ritmo de publicación, la suba constante de precio (no por culpa de la editorial, sino de la errática política nacional en materia económica y del agregado constante de páginas, llegando a las 100 y quedándose ahí por mucho tiempo), y el hecho de que comenzaron a hablar de series que no me interesaban ni veía. La verdad es que no tengo una sola respuesta, y todas son difusas. Simplemente dejé de comprarla allá por el número 26.


Ivrea, Lazer, Oberto y la dominación del mundo
Para los que no vivieron esa época, vale la pena poner una explicación menos personal. El anime despegaba en Occidente. En Argentina, de a poco series míticas como Dragon Ball o Sailor Moon se habría paso por la infancia y adolescencia de muchos. En esa época aparece Lazer de la mano de una nueva editorial: Ivrea.

Fundada por Leandro Oberto, un antiguo dueño de comiquería, y otras personas allegadas a él, rápidamente Ivrea pasó por los problemas de toda editorial de comics argentina: comenzaron editando comic estadounidense (Witchblade y The Darkness) y cerraron la línea al poco tiempo por escasas ventas. También emprendieron la realización de comics nacionales con artistas allegados (o por ellos mismos, lo cual sirvió para acusar a Oberto de armar la editorial para autopublicarse). Tampoco estos intentos fueron rentables.

Lazer tuvo un doble papel. Para la naciente sociedad otaku, fue lo que ya dije antes: un lugar para informarse, incluso para comunicarse (yo conocí a mi mejor amiga allá por los primeros números, hola!!!). El correo de lectores tuvo una enorme aceptación. Compuesto de todo tipo de confesiones y relatos locos por parte de adolescentes exaltados, era respondido por el humor absurdo de Oberto, quien también terminaba dando consejos sobre cómo tratar a la novia, encarar chicas o la vida misma, con la experiencia de alguien más grande que los lectores. Rápidamente surgió una comunidad, una sensación de pertenencia. Sí, hay una carta mía perdida por ahí en una Lazer, además de mis datos. Sí, me carteé con varias personas gracias a Lazer (aunque ahora sólo mantenga contacto con una, mientras extraño a otra). Tengo que asumir que muchos otros otakus hicieron lo mismo.

Lazer también contribuyó, con el tiempo, a otras cosas. Desde los primeros números, apoyó el debido reconocimiento a los actores y actrices de doblaje, con entrevistas a los artistas que hacían las voces de diversos personajes de anime (Sailor Mars, Goku, etc.). También denunció y explicó los tijeretazos de canales locales o de compañías extranjeras, que eliminaban capítulos, cambiaban el sexo de personajes homosexuales o cortaban escenas un poco subidas de tono para aniñar las series japonesas (entre otras cosas). Reveló muchos cambios en los argumentos, creados por este tipo de manipulación, y otros hechos por otras razones (como el gran frankenstein que era Robotech). De esta manera concientizó a la naciente comunidad otaku de lo que estaba sucediendo con sus series favoritas, en una época en donde eso era imposible de saber por otros canales, y los llevó a quejarse a las emisoras y otros medios. Con el tiempo, Lazer también impulsó la aparición de otros fenómenos, como el del cosplay, por ejemplo entrevistando a diversas chicas ganadoras de concursos en Argentina. Además de participar en diversas convenciones de comics con su editorial madre, la revista también promocionó eventos de otakus para menores y mayores, llegando así a la cúspide del intercambio con sus lectores. Un trabajo de años que comenzó con un tímido librito de pocas páginas.

Pero si Lazer consolidaba y ayudaba a crecer a esa diáspora de otakus y frikis, a nivel editorial, consolidaba a una empresa que no tenía más caballitos de batalla. Sólo años después Ivrea pudo encarar la edición exitosa de comics, principalmente manga, cuando el nuevo siglo ya estaba nacido (llegando finalmente a tener filial en España y Finlandia, convirtiéndose así en la "primera multinacional del comic argentino"). Mientras tanto, flotó por muchos años en un mar de fracasos y éxitos a medias, de series cortadas y de revistas que no tenían la suficiente periodicidad y continuidad. Gracias a Lazer, que estaba bien cuidada, tenían una inserción en el mercado cada vez más grande, ubicándose como pionera en el periodismo del manga y el anime.

Nació rápidamente una división: los que amaban a Lazer, la empresa y su cara visible (Oberto), y los que los odiaban o ignoraban a propósito. Se puede ver ya quienes integraban el primer grupo. Pero por otra parte, estaban los que no soportaban la prosa de Oberto, sus comentarios en los mails y, sobre todo, la filosofía barata de las editoriales de cada número de Lazer. Soberbio, creído o agrandado eran algunos de los adjetivos utilizados (y de los más suaves). Siendo sincero, yo nunca fui fanático de la revista, o al menos no al nivel de putearme con alguien que no le gustara. Me mataba de risa con lo que Oberto decía en los mails, salvo cuando se ponía denso, pero ignoraba sus editoriales, porque a mi gusto eran filosofía barata y algo ególatra. Como en todo, había una de cal y una de arena.

Con el tiempo la división se hizo grande. Se veía en los foros y en conversaciones, también en mails que Oberto respondía en la propia revista. Más que atacar la calidad del producto, los detractores pasaban a lo personal; también los fanáticos se tomaban, a veces, demasiado a pecho los comentarios de los otros. Esto duró años; yo solamente seguí el inicio del proceso, hasta que dejé de comprar la revista y por unos años me alejé del panorama comiqueril. Pero todavía ahora veo ecos de esa lucha titánica entre los pro-Lazer y pro-Ivrea, y los anti-Oberto y anti-Ivrea.


El final
Desde hace tiempo, leo en diversos foros que muchos habían dejado de comprar Lazer. Incluso los fanáticos parecían ser menos, o estar menos convencidos. Aunque tal vez se debía a la lenta desaparición de los detractores de la revista; sin uno que gritara, los otros se callaban.

No sé si esto afectó la tirada de la revista. Leo que no es así, y hay quien dice que sólo hubo un recambio generacional. Otros dicen que no, que se vendía mucho menos. Pero había algo sucediendo; desde hace unos meses, la revista no salía, y nadie sabía por qué. Ivrea no decía nada, lo cual alimentaba todo tipo de especulaciones.

El principal culpable de su lento descenso, según muchos, era Internet. La revista reseñaba y diseccionaba series, comics y películas de actualidad, haciendo coincidir las notas con su llegada a la TV y el mercado local. Sin embargo, era acusada de copiar o tomar datos de Internet: muchos aficionados directamente sacaban lo que deseaban de la Wikipedia en castellano o inglés, y la enorme cantidad de foros, blogs y páginas sobre animación japonesa y manga respondía las preguntas más comunes. Las imágenes, antes inéditas, ahora se bajaban de la red, al igual que las listas de episodios... y los episodios mismos. Una serie que era novedad en Argentina, y que recibía una larga reseña, posiblemente ya era un clásico entre los otakus fansubers, que no sentían interés en comprar Lazer para saber más sobre algo que ya habían visto dos o tres veces.

No es nada apresurado decir que Internet fue haciendo que Lazer bajara de su órbita. Desde que despegó, la revista tuvo competencia: muchas pequeñas editoriales sacaron sus versiones en similares formatos, y ninguna duró más que unos pocos números. Lazer trepó sobre esas caídas, pero ahora se encontraba con que la distancia se acortaba. Todas las revistas que reseñan series, películas y productos culturales por el estilo tienen el mismo problema: no pueden hacer frente a la enorme cantidad de información digital, que para colmo es gratuita e instantáneamente actualizada y corregida.

Por lo que he podido leer, muchos comenzaron a comprar Lazer de manera esporádica, lo cual debe haber hecho que los números de la editorial fluctuaran. Por otra parte, sus míticos primeros autores ahora tenían trabajo completo en la editorial: Agustín Gómez Sanz traduciendo manga, Leandro Oberto ocupado en negociar con los japoneses (qué dolor de huevo!!!), etc. etc. Eso tal vez hizo que se perdiera parte del aura original de humor e informalidad. No sé si es así, pero lo imagino.

Como era de esperarse, los fanáticos culpan de la última pedrada a la naciente competencia de la editorial Ivrea: LARP, quien pisó fuerte apareciendo en el mercado con One Piece, Death Note y Naruto. Las malas lenguas aseguran que fueron los dueños de LARP quienes mostraron a las empresas japonesas copias de Lazer, e incluso, tamaña traición, les tradujeron las notas para mostrarles lo que decían. Todo esto sabiendo que las editoriales japonesas tienen un margen muy estrecho para aceptar el fair use de imágenes de su propiedad. Y la verdad era esa: desde todos los ángulos, por años Lazer había hecho reir ridiculizando escenas de animes, poniendo epígrafes graciosos a las fotos y incluso publicando fanfics (bueno, solamente uno, pero era hentai!!!).

La telaraña conspiranoica también tiene otras versiones: las editoriales japonesas pueden haberse enterado por otras vías (ahora todo es global, y a ellas no les cuesta nada contratar a un traductor). Tampoco es muy aceptable, para mí, la teoría que dice que las editoriales le negaron series a Ivrea para dárselas a LARP, sólo para evitar un monopolio e incentivar la competencia en un mercado que tradicionalmente no ha dado más que centavos.

Sea como sea, el resultado es la pantalla tipo lápida que puse al principio, y repito ahora para que no tengan que subir:


De esta manera una de las publicaciones más famosas de Argentina en el mercado del comic deja de orbitar nuestro planeta.

Cuando una revista de este tipo muere, no suele tener una muerte honrosa. O desaparece por falta de interés y ventas, o porque la editorial que la sostiene no puede hacerlo más, a pesar de una buena tirada. O peor, porque directamente toda la editorial colapsa. Lazer, única como pocas, se nos va de una manera totalmente original y excéntrica. Si no hay honor en eso, tal vez hay algo de dignidad en morir en su ley, con los zapatos puestos y de pie.



PD: cuando me enteré de la noticia, entré al foto de Rosario Anime para ver las opiniones de los fans. Ninguno se rasgó las vestiduras. Todos lo daban ya como hecho consumado, como noticia vieja, y nadie derramaba una lágrima. No es algo extrapolable a todo el país, pero da de qué hablar.

PD2: dejo apenas una muestra del humor y del estilo de Lazer. No tengo tiempo para buscar entre los 26 números que tengo, cosas más representativas o graciosas, que las hay. En todo caso con más tiempo, agrego algo más.

2 comentarios:

Ikki dijo...

concuerdo con bastantes cosas del articulo (sobretodo con las notas editoriales. Esas las pasaba de largo)
Yo la deje de comprar porque no me daba el cuero en ese momento y hace unos meses volvi a comprarla y si, no era lo mismo. Desde la muerte de pablo ruiz, la ida de agustin gomez sanz y oberto en europa, la revi perdio su escencia. Los ultimos numeros carecian de la chispa original, incluso las secciones que la hacian unica bajaron en calidad o no le dieron mas bola (lease lazermail). Por pura nostalgia me compre algunos de los primeros numeros q no tenia y debo decir q, si bien las notas me parecieron mas un resumen de resumen (algo logico comparado con lo q era ahora), esos numeros me llenaron mucho mas de satisfaccion que los numeros de mas de 80 paginas. Es increible lo que lograban 1 fotograma y 1 acertado comentario acido XD
yo creci? el mundo cambio? no se, pero sea lo que fuere, lazer fue y sera un lindo recuerdo de mi vida. Ahora no queda mas que continuar adelante...

Agustín dijo...

Excepcional artículo. Soy apenas un par de años menor que vos, por ende recuerdo aquel maravilloso período que fue la segunda mitad de los 90'. El anime estaba haciendo eclosión (muy especialmente gracias al boom de "Dragon Ball", emitido por el desaparecido "Magic Kids), como bien decís internet aún no era masivo y, en ese contexto, publicaciones vanguardistas como "Lazer" eran oro puro. 1997 y 98 fueron LOS años del animé en Argentina. Se comenzó a emitir DBZ, que aprovechaba la nada despreciable estela de seguidores de la también magnífica DB, y justo ahí surgió Lazer, cuando los otakus locales se conviertieron en legiones. Jamás compré número alguno de la revista, no obstante sé qué significó en su día, y claro, tuve amigos que hablaban maravillas de ella. Por lo tanto también la considero un elemento indisociable de mi adolescencia. Creo que lo que "mató" a Lazer es lisa y llanamente el paso del tiempo, el desgaste, el recambio generacional y el fácil acceso a la información que tenemos hoy. Incluso considero cuasi milagroso que se haya sostenido hasta 2009 (el boom del animé comenzó a decrecer en 2001...). El mismo Oberto hace un tiempo manifestó desde España algo así como: "las personas cambian, y yo cambié. Ya no soy el mismo y mis prioridades son otras", dando a entender que a sus 30 y largo de años le resultaba imposible sostener la pasión que antaño le generaba el manga y animé. Fue sincero y lógico. Quien no lo comprenda no entiende nada de la vida.