Cambios en la marea


Hace tiempo escribí un texto bastante sombrío sobre algo que me pasó, y sobre una sensación muy fea que se abatió sobre mí en ese momento. No estaba completo, y quedó como borrador en este blog, esperando el día en que lo terminara.

Pero el momento pasó, y eso que parecía tan sombrío no lo era tanto. Uno se adapta, aprende. En fin, que el texto siguió estando ahí, y no tenía ni una rendijita de luz. Iba de confusión, desaliento, pesar.

Anteayer lo borré.

No era mal día para eso. Lo que allí había escrito era historia muy antigua, a pesar de que tenía un par de meses. Soy una persona fundamentalmente optimista (a lo mejor por eso se me nota tanto cuando no lo soy).

No era mal día tampoco, porque hace horas estuve festejando un cumpleaños como el que no festejaba desde mucho tiempo atrás. En mi casa, con tantos amigos y amigas que tuve que usar el patiecito contiguo al comedor, y meter sillas adicionales en la mesa principal. Una fiesta tranquila, con mucha conversación, varios horarios de llegada y partida, mucha comida casera, películas, música y mucha charla friki sobre cómics, películas de todo tipo, música, filosofía, política y y cosas así. En fin, como todas las fiestas que me gustan (y lo ideal no se repite, o se da en contadas ocasiones).

Más allá de los regalos (que no eran obligatorios pero se agradecen todos por igual), me quedo también con las llamadas de algunos que no podían estar por cuestiones de fuerza mayor, los saludos de los que me avisaron que no podían venir y los que tuvieron que cancelar sobre la hora pero tampoco me dejaron en banda. Amigos y conocidos que se han ido ha habido muchos en estas casi tres décadas, y tengo que reconocer que a he sido demasiado inocente para echarlos por la borda a tiempo, o esperé demasiado para verlos de nuevo en el horizonte. Pero en esta fiesta he tenido, creo yo, la mezcla perfecta de amigos de la adolescencia y de los nuevos, algunos de los cuales tienen apenas meses de conocerlos y ya sé que son gente que vale la pena.

Porque en el fondo, uno nace y se va sin nada, pero si lo esencial es invisible a los ojos, vale la pena vivir envuelto de esa red invible de afectos que, el día de mañana, te atajan una caída del décimo piso, haciéndose fuerte no por el número, sino por la solidez de unos pocos. Gracias a todos por venir, e incluso saludarme desde otras ciudades y países. Yo soy de los que lo valoran mucho. Todavía tienen 11 horas y media para hacerlo :D

2 comentarios:

Lobo Gris dijo...

Esperando estar aún a tiempo, un gran saludo, abrazo y felicitación desde México.

El cariño le da a uno fuerza. Es lo que te hace sentir que no estás solo, y que a pesar de las dificultades tarde o temprano sabrás salir adelante. Y uno puede deprimirse, desesperarse, cansarse y frustrarse, pero nada como saber que uno cuenta con buena gente para apoyarse en caso de necesidad.

Y siempre es agradable saber que gente importante para uno nos demuestra que nos estima.

Capitán Hidalgo dijo...

Pues sí, llegaste, aunque te contesto ya siendo otro día :D Muchas gracias.

Al final otros me han saludado por Facebook u otros medios, y hay hasta uno de los viejos tiempos que me localizó desde España. Gracias a todos ellos.