Shut it down!


La frase, de Dark City, no sé por qué me viene a la mente. Una gran cortina, un telón. La vida es una obra de teatro, creo que dijo William Shakespeare. Julio César me reclama su lectura, todavía, en esa milagrosa edición bilingüe que atesoro desde hace años.

Pero me voy de tema, como sucede en estos días. Mucho que contar, mucho que ver, mucho que experimentar.

Caen los segundos, como martillos. A esta hora, lunes, 8 AM, debería estar ingresando a mi trabajo. O mejor dicho, 7.50 AM, como lo marcan todos los relojes de casi todos los días pasados, desde hace 2 años y 3 meses y 2 semanas.

Pero no, hoy no, no más. Me voy, me fui.

Algunos sabían que sucedería, otros no. Algunos me lo reprochan, otros no. Algunos me comprenden, creo que totalmente; incluso me felicitan por la decisión. Otros tal vez me entiendan a medias, otros para nada. Y la verdad, la única verdad es que a todos les importa, y eso es lo importante. Porque los hace cercanos y los hace lo que yo quería que fueran: personas que se preocupan por mí. Tal vez nunca tuve tantas. Y eso ya me hace feliz.

¿Las razones? No era mal trabajo, eso lo concedo a los que me lo reprochan. No era malo. Ciertamente me quejé de muchas cosas, al ingresar, inexperto, en un tipo de empresa que desconocía, en un tipo de labor que tomé, en su momento, porque no me quedaba otra. Me quejé de cosas que no eran importantes y de cosas que son así, simplemente, que no se pueden cambiar acá ni en ninguna parte. También me quejé de cosas que eran ciertas y solucionables, y que con el tiempo comprendí mejor y hasta pude ayudar a cambiar. En resumen, tal vez me quejé en exceso, pero con el tiempo aprendí a ver todo lo positivo que tenía.

No, no era mal trabajo, pero todo se resume en que no era mí trabajo. Yo no estaba ahí, era un recipiente vacío. No me daba nada, y yo ya no podía darle nada. Era algo muerto. Tengo que usar una frase de mi (ahora ex) jefe: uno trabaja porque le pagan, o porque le gusta. Y a mí me pagaban, pero no me gustaba, y llega un punto en el que la plata ya no resulta tan importante, en un nivel. Tal vez no les pase a todos, y seguramente no es algo malo si no les sucede. Simplemente, como me dijo alguien, es una decisión de la vida. Ni buena ni mala.

¿Qué vas a hacer? Es la otra gran pregunta. Pues docente, respondo. Estoy a pocos pasos de terminar mi profesorado, y tengo mucha fe tanto en mí como en lo que vendrá. Todo me ha demostrado que es lo que quiero hacer, algo que me desafía, me entretiene, me exige, me obliga a ser creativo, me pone una responabilidad que quiero asumir. Nada de lo cual me daba mi antiguo trabajo, con todas sus virtudes, que prefiero que las aproveche alguien más, alguien que las quiera tanto como yo quiero estas.

¿Por qué no esperaste a tener trabajo de docente para irte? Porque no tengo ganas, porque necesito terminar de estudiar tranquilo, porque no puedo buscar un trabajo cuando tengo otro... Dice la Biblia, por ahí, que un hombre no puede servir a dos amos. Yo no puedo servir a la conveniencia y a la esperanza, al dinero y a la vocación, al presente y al futuro. En algún momento tenía que elegir; la decisión estaba tomada ya desde hace tiempo, pero sólo se pospuso porque el tiempo, justamente, no era conveniente. Pero en algún momento había que saltar.

¿Por qué cuento tanto? Bueno, pues digo mucho pero sin detalles, porque no vienen al caso. Y porque quiero contarlo. Es una de las mayores decisiones que he tomado e impacta directamente en el blog y en todo lo que vendrá.

Porque el soñador sueña dos veces, y si ya es mucho soñar con ser docente en poco tiempo, y si la docencia es una vocación que tomé, casi por casualidad, en algún momento indeterminado de mi vida, ¿por qué no soñar también con ser escritor, que es para lo que nací?

Por lo menos, para que el "hijo artista" no se muera de hambre... Que tenga un trabajo respetable :D

Por eso, hoy lunes a las 8.00 AM 7.50 AM no estoy marcando tarjeta. Salgo de ese reality show a lo Truman Show, donde tomo siempre uno de dos opciones de colectivo, bajo en una de dos paradas a la misma hora (con una tolerancia de 3 minutos de diferencia), paso por las mismas esquinas con los semáforos sincronizados y me encuentro siempre con las mismas personas sacando los mismos vehículos de los mismos garages.

Salgo de la obra de teatro y me paso a otra. Una que disfrutaré más y que ya no querré abandonar. Así de simple.

¿Qué más puedo decir?

Cue the sun!

2 comentarios:

Nekrocow dijo...

"Yo no puedo servir a la conveniencia y a la esperanza, al dinero y a la vocación, al presente y al futuro."

Me llegó mucho. No todos tenemos los huevos para mandar al carajo los mandatos sociales y dedicarnos a nuestras aspiraciones más profundas. Saludo, de pie.

Gastón Nicolás Flores dijo...

Gracias. Es bueno ver que hay personas que lo comprenden (y ya son varias, que me lo han dicho por otros canales). La verdad es que trato de ser coherente conmigo mismo, es lo mínimo que puedo pedirme, y una cosa lleva a la otra.