Malparida y la destrucción de la política


Mi madre ve telenovelas. A la noche, cuando no hay nada potable en el cable, o cuando Bones, NCIS, Dr. House o cualquier otra serie de investigación comienzan tarde, ella se engancha con una, aunque sea mala y la deteste. Luego la mira hasta el final, aunque sea una mierda. Luego, ve la que sigue.

Gracias a Dios, cada tanto hay algún producto inteligente, como Los exitosos Pells, y ninguno sale herido en su dignidad. Pero es la excepción.

Así fue que recientemente tuve que ver muchos episodios de Malparida, el bodrio televisivo del año 2010. Interpretada por Juanita Viale, nada más ni nada menos que la nieta de Mirta Legrand. Es vox populi de que esa fue la única razón por la cual obtuvo el papel: el árbol que está en la puerta de mi casa es mejor actriz que ella. Cero lenguaje corporal, la misma entonación en cada frase (sea amenazas de muerte, seducción, miedo, etc.), cero de carisma, etc. Ni tetas tiene, para que no digan que "sin tetas no hay paraíso" (en este caso, televisivo).

La cosa (no me animo a darle nombre) parecía de todos los errores de producción habidos y por haber. Era un rejunte de personajes inverosímiles tomando decisiones totalmente ilógicas (como ir a un descampado para hablar con la persona que ya trató de asesinarte una vez!!!), actores y actrices de niveles muy diferentes (los más viejos zafaban), argumentos absurdos, exagerados e imposibles, personajes secundarios que iban y venían sin sentido cuando el rating caía (como la policía que interpretó Carolina Peleritti), escenas de sexo que no tenían sentido, etc. etc. Todos los ingredientes para ser un éxito en la TV argentina. Sí, fue un éxito.

Mientras tanto, una obra mucho mejor, como era Caín y Abel, era cancelada para poner... Gran Hermano. Cierto que yo tampoco me pondría a ver esa novela (a esta la respeto y le doy nombre), llena de mafiosos malísimos y buenos buenitos. Pero técnicamente era buena, y tenía todos los buenos actores y actrices que la otra no tenía, como Luis Machin (Mr. "Tapa a Gosca"), Federico D'elia (Los Simuladores) y Luis Brandoni (ya perdí la cuenta). En resumen, actuaciones muy buenas, guiones creíbles y personajes interesantes. En un arrebato de genialidad y locura, los guionistas se las arreglaron para matar a casi todos los personajes en el episodio final, acelerando un cierre. Posiblemente en connivencia con los actores, a los que tampoco les debe haber gustado nada la situación.

Pero más que profundizar en la cuestión técnica y narrativa, en donde hay toneladas de cosas malas para contar, quiero ver la parte ideológica de esta cosa, la cual se parece a muchas otras cosas que veo en estos días.

Para eso me remonto a las novelas que Suar y su productora, Polka, emitieron allá por la década del 90 y principios del 00. Novelas que muchos criticábamos por la publicidad "encubierta" (los personajes se paraban al lado del cartel de 20 metros de un supermercado, ángulos forzados para mostrar los productos que el personaje compraba). Novelas que tenían actores a veces toscos, o de madera, y personajes planos y predecibles, vacíos e interpretados por actores encasillados.

Pero también, y eso se aprecia a la distancia, novelas con historias. Cierto, las estiraban como chicle, pero generalmente con buenos resultados a nivel narrativo. Y fundamentalmente, eran CREIBLES. Eran historias de barrio, de cosas que nos pasaban a cualquiera de nosotros, combinadas con lugares comunes (el amor imposible entre el chico pobre y la chica rica, el boxeador alcohólico y pendenciero que quiere redimirse, los opuestos que se atraen, etc.).

Justamente por ser historias de barrio, por estar cerca de la gente, tuvieron tanto éxito. Y también porque, generalmente, terminaban bien. Con esfuerzo el boxeador volvía al triunfo y a la sobriedad; el chico se casaba con la chica a pesar de los problemas. Eran historias pequeñas, de a pie, que mostraban los sinsabores de la vida cotidiana y daban una cuota de esperanza. No la del tipo que lo logra todo o salva mundo, sino la esperanza chica, de todos los días, del que consigue un mejor trabajo, se arregla con la novia, etc.

"FOX se convirtió en canal porno tan lentamente que no nos dimos cuenta", dice Marge Simpson en un episodio memorable. FOX, para los que no sepan, es la cadena más de derecha en EEUU, lo cual no la salva de poner programas pavorosos que violan la dignidad humana de solo verlos, incluyendo todo tipo de realities aberrantes.

Más o menos así fue el cambio en la televisión argentina. De esas historias chicas y conmovedoras fuimos pasando cada vez más a las que tenemos ahora. Producciones muy malas en lo artístico, y peor, nocivas para la salud democrática.

Lentamente, los argumentos fueron mutando. Ahora el malo no es el vecino que pasa chismes o que delata al protagonista enamorado de la chica equivocada. Ahora es el mafioso, pero no cualquier mafioso. Es el narco o el empresario corrupto que tiene TODO el poder. Puede comprar con un llamado a una seccional de policía entera, a un senador o a cualquiera. Puede comprar sin pestañar la empresa del "héroe" y fundirla. Puede matar gente con múltiples testigos y quedar impune, puede inventar un crimen y endosárselo a cualquiera. Y sin que nadie pueda tocarle un pelo.

En una cosa anterior, llamada Valientes, el malo de turno, interpretado perfectamente por Arnaldo André, se dedicaba a matar gente como quien casca un huevo para hacerse una milanesa a caballo. El personaje era tan absurdamente impune que podía matar a una persona a tiros, dentro de su casa, con parientes y empleados mirando y/o escuchando, para luego ocultar todo (de hecho, lo hizo dos o tres veces). Y nadie se acuerda de nada. ¿Qué mensaje transmite esto?

Es así como llegamos, luego de varias gradaciones, a Malparida. Al comienzo, solamente era mala en el sentido técnico, ya comentado. Renata, el personaje de Viale, deseaba vengar a su madre, la cual se había suicidado (supuestamente) al ser traicionada por un rico empresario, Lorenzo Uribe. Ambos escondían su relación y él había abandonado al hijo que tuvieron, lo cual precipitó a su madre en la depresión. El plan de la "antiheroína" era seducirlo y casarse con Lorenzo, para luego decirle toda la verdad y matarlo. Pero claro, la que renegaba del amor se encuentra con el hijo de su objetivo, Lautaro, y comienza entre ellos una atracción clandestina, un tira y afloje que genera el conflicto principal para una asesina despiadada y sin escrúpulos, enceguecida por la venganza.

Pero luego viene una subtrama que se come casi toda la cosa, alargándola monstruosamente. El hermano perdido del Lorenzo aparece; se trata de un empresario sin escrúpulos y aparentemente sin límite de extracción en su tarjeta de crédito, porque puede comprar absolutamente lo que sea y a quién sea. Hasta tiene un apodo igualmente absurdo: "El Almirante".

Tal vez uno de los puntos más bajo de la novela fue el robo descarado de una escena de Eyes Wide Shut (Ojos bien cerrados), en la cual uno de los personajes se introduce en una fiesta en donde todo tipo de personalidades y celebridades dan rienda suelta a su decadencia enfundados de vestidos exóticos, ocultos sus rostros con máscaras de carnaval. El Almirante es la cabeza de una especie de logia que organiza ese tipo de eventos para sus iniciados y seguidores, muchos de ellos políticos y empresarios. Los que no cooperan con él luego son extorsionados con videos tomados por cámaras ocultas, en donde se revelan sus infidelidades.

El Almirante, así, se convierte en una especie de semidios que todo lo puede. Rapta y encarcela a la protagonista varias veces, torturándola de maneras absurdas. Incrimina a su hermano Lorenzo en crímenes y delitos de todo tipo, luego de tomar control de su empresa con maniobras sucias. Borra evidencias, anula pruebas policiales o las inventa de la noche a la mañana. Extorsiona a testigos, desde familiares hasta políticos.

Renata mata impunemente a su padre, a la esposa de Lorenzo y la mujer de Lautaro (para quitarla del camino), y a dos personajes secundarios más (sin que las autoridades logren meterla en la cárcel como se merece), mientras su cómplice Gracia asesina a un cura a tiros e intenta asesinar a Lorenzo varias veces (finalmente lo logra).

Renata triunfa de manera absurda como muchos héroes planos y vacíos, esta vez movida por valores negativos en lugar de positivos. Sin embargo, la figura del Almirante es el colmo de todo, y encarna algo más. Encarna la loca fantasía, compartida por muchos, de que el mundo está dirigido secretamente por una conpiración de "otros": judíos, comunistas, banqueros, extraterrestres o cualquiera que se ponga en el camino.

En el contexto argentino de hace varios años a la fecha, este tipo de fantasía es más peligrosa que nunca. Con las instituciones vaciadas de confianza popular, con números estatales que nadie cree, con un reclamo constante de seguridad que no se cumple en ninguna de sus aristas (no se construyen cárceles, no hay policías entrenados, no se mejora el sistema jurídico, etc. etc. etc.), con toneladas de denuncias y rumores (a veces fundados) sobre corrupción sindical, militar, jurídica, política y estatal, con una desconfianza total en el sistema político porque "todos son iguales, para eso ni voto", la aparición de personajes como El Almirante es como una bomba atómica.

¿Qué hacen los medios al establecer como posibles personajes tan absurdos como este? Hacen que el público se acostumbre a ellos y reparten la resignación del tipo que hace cola durante 16 horas para sacar un número para hacer su DNI. Si ya muchos creen que hay incontables hechos de corrupción, más o menos coordinados, más o menos referidos a las mismas personajes, el siguiente paso es transmitir la sensación de que ya nada importa, que nada se puede cambiar porque esa gente es demasiado poderosa. Justamente es lo que pasa en la ficción: los personajes primarios y secundarios intentan todo para dar a conocer los delitos y crímenes de los malos de turno, pero no logran ni siquiera victorias pírricas. Una y otra vez, el personajes es tan poderoso o maquiavélico que saca un as de la manga y vuelve todo a su cauce "normal".

Es cierto: seguramente El Almirante caerá al final de la novela. Pero en el camino muchos han sufrido secuelas y muchos han muerto. Y si los éxitos de los protagonistas de las series de Polka eran pequeños y creíbles (salvar de la quiebra un kiosko de barrio, recuperar el amor de tu novia, etc.), el de las novelas de ahora suenan más a cuento de hadas. Porque en la realidad, los personajes como El Almirante (es decir, los que el público en general referencia como corruptos) nunca van a la cárcel: como mucho deben renunciar y reclicarse en otro trabajo o puesto político. Es así en la realidad y/o en la creencia popular, justamente porque el sistema vigente legitima esa creencia (en el mejor de los casos, hacen falta varios años para que un político corrupto realmente quede preso, y luego no es más que uno de muchos).

Al final, todo deriva en un negocio redondo para los medios. Más allá de si consideramos que la inseguridad es una sensación o una realidad, estos medios, los mismos que le compran el contenido a las productoras, venden escándalos. Vende más una noticia que indigna que una que dignifica. Vende más el que un político corrupto hasta la médula salga libre por un tecnicismo, que el que un humilde ciudadano lo haya enfrentado y puesto ante la justicia. Igualmente tiene más éxito una novela sobre corruptos que ganan que una sobre gente de barrio que hace sus vidas enfrentando las dificultades del día a día.

Es decir, los medios terminan reproduciendo esa sensación que luego venden.

¿Y la política? Pues obvio, nada bien. Vamos a seguir pensando que es todo mi mismo, si nos venden lo mismo desde diferentes ángulos. La gente seguirá pensando que es inútil enfrentar a los poderosos cuando hacen algo malo, y así iremos a peor. Y entonces sí la realidad será parecida a estas ficciones.


PD: los dos nuevos bodrios infumables de la TV argentina, El Elegido y Herederos de una venganza, tienen "argumentos" que incluyen una logia que maneja todo desde las sombras. El Elegido, según cuenta mi madre, tiene cosas bastante robadas a El Código Da Vinci, ya que la logia está relacionada a cuestiones eclesiásticas y un cuadro misterioso. Se ve que de nuevo se puso de moda copiar.

1 comentario:

Matias dijo...

Me ha gustado mucho tu entrada en esta ocasión. De por si tendría que felicitarte por ser tan valiente haber soportado tanto tiempo al frente de eso, debo de suponer que es por un afán científico (je je). En mi casa también lo ingieren junto con Gran Hermano y el paquete completo. Varias veces discuto por que miran puterios ajenos, es como si disfrutaran de los problemas de los demás (creo que todos tenemos varios ya), entiendo que hay veces que necesitamos distraernos de nuestra vida, ¿pero con eso? siendo mi madre una persona que lee mucho y tiene su cultura, no logro entender como consuma eso con tanto placer.

El análisis que haces es grandioso, lo único positivo que puedo decir, por que como comentas es triste lo que nos "obligan" a ver. Ya sea por noticieros, diarios o con estas cosas. Me hace recordar a una frase de Groucho Marx: "La televisión es muy educativa, cada vez que la enciendo me encierro en mi cuarto a leer un libro". Y es así, quedan pocos medios sanos y tristemente muchos jóvenes (también lo soy) crecen con esa basura en la cabeza.

Anexo: Suelo leerte desde hace un tiempo pero creo que es la primera vez que te comento. La verdad es que deben haber más como yo, el llevar un blog es algo que cuesta y supongo que un comentario es algo agradable y motivador.

¡Sigue así!