Transformers 2 (2009)


No iba buscando una excelente película. Tal vez, ni siquiera una muy buena. Conociendo los fallos y aciertos de la primera parte, que me pareció interesante y divertida, básicamente iba a buscar más de lo mismo. Después de todo, afrontémoslo: es una franquicia que se basa en muñecos.

El sub-título (Revenge of the Fallen) me planteaba algo totalmente esperable: Megatron vuelve y quiere la revancha. Hasta ahí, todo bien. Por los trailers también sabía que iba a haber nuevos buenos y malos, estando entre estos, aparentemente, los Constructicons y el gigantesco Devastator. Hasta ahí, todo bien.

Ser previsible no es algo bueno en una película, pero las de acción casi siempre lo son. Es algo que no molesta: uno sabe que el malo muere al final, el vivo se salva por los pelos y besa a la chica, etc. Lo interesante está en el cómo sucede todo, y allí, no en los efectos especiales, está la calidad de las películas de acción (género innecesariamente bastardeado, que lamentablemente ha dado luz a muchas cosas feas, justificando los insultos de muchos).

Pues bien, como decía, Transformers 2 era previsible en su argumento, y no había nada malo con ello. Pero hete aquí que los realizadores dan vuelta la tortilla, metiendo toneladas de cosas inesperadas. La mayoría sobran, atascando completamente la película hacia la mitad. El argumento tose y tose, hasta que al final se puede librar de esas piezas sobrantes, y logra llegar a la meta, aunque no precisamente en el primer lugar. En resumen, una película mala, muy mal balanceada y planeada, incluso sorprendente teniendo en cuenta la relativa calidad que tienen las películas de sus realizadores.


Qué está bien
Como vengo diciendo, lo malo de esta película es que demora las cosas buenas, y las da en cuentagotas: los momentos de persecuciones y tiros, las peleas entre soldados, aviones y tanques contra robots gigantes, las transformaciones y las peleas cuerpo a cuerpo entre decepticons y autobots. Todo eso está, y muy bien hecho, al igual que en la primera película.

Claro que el desarrollo técnico de la animación sigue siendo sobresaliente. No hay un salto cualitativo enorme, sin embargo, por el simple hecho de que ya la primera parte era excelente en este aspecto. En todo caso, la evolución viene dada porque los robots tienen más piezas, y las peleas entre ellos son todavía más grandiosas, sin perder un cierto nivel de realismo (se pegan con todo lo que hay).

Un detalle que me pareció interesante es que la película es más violenta que la anterior. Aquí buenos y malos mueren y son mutilados cada tanto, y sus muertes son a veces más que violentas. Los buenos no son partidarios del tomar prisioneros, y la división tajante entre el bien y el mal (típica de la serie, hay que decirlo) justifica este tipo de escenas sin mucho problema.


Qué está mal
Uy, muchas cosas. Si bien lo anterior es cierto, falta aclarar algo: hay tantos robots que ya nadie sabe ni cómo se llaman, ni de qué bando están, ni nada. Ninguno tiene armas o formas de combate distintivas, lo cual lleva a una enorme confusión en escenas clave.

Pero vayamos a los problemas más grandes, que están desde el comienzo: la voz en off. El cine no se lleva bien con ella, eso te lo dirá cualquiera cercano al ambiente. Pues bien, Optimus Prime inicia la cinta narrando lo que acontece entre las dos películas, con un discurso lleno de buenaventuranza y cordialidad entre autobots y humanos.

Después del sermón, necesario sólo porque los realizadores van a lo fácil (se podía explicar eso de otra manera, o simplemente, aligerar el salto argumental), pasamos a lo lindo: tiros y explosiones, persecuciones y transformaciones. Lo que uno había ido a buscar, digamos.

La película avanza bien desde este punto, con la lamentable aparición de ciertos personajes (profundizo más adelante este tema). Sin embargo, en un punto, se convierte en una especie de cross-over con Indiana Jones, lo cual es doblemente lamentable ya que el actor es el mismo (Shia Lebouf). Sin comerla ni beberla, y con una trama argumental estirada hasta convertirse en hebras, los personajes se meten en una larga, aburrida y absurdabúsqueda del tesoro, como si jugaran al Carmen Sandiego (pero con un mapa trucado, porque los yanquis no saben ni donde queda su país).

De manera que, como si nos chocáramos contra una pared, nada de la película anterior es lo que parecía, y de pronto aparecen más y más y más personajes, uno más innecesario que otro, cada uno peor utilizado, ninguno de ellos adecuadamente presentado y diferenciado del resto.

Me detengo en este punto ya mencionado. Sabemos que el merchandising mueve la industria del cine (en realidad, la recaudación de las salas es una partecita de la torta). Sabemos que hace falta meter nuevos muñecos y todo eso. Pero hay maneras y maneras de agregar personajes, y los realizadores de Transformers 2 han elegido las peores. Lamentablemente, parecen no haberse dado cuenta de cómo hemos odiado a Jar Jar: la película tiene no uno, sino tres Jar Jars (dos de ellos son autobots, para colmo). Y si el que podría haberse convertido en el cuarto se redime, eso sólo acentúa el asco, porque se le dedica menos tiempo que a los demás, mientras hay otros autobots nuevos que apenas hablan, y parecen ser más interesantes.

Como la trama del medio es un conjunto de jirones de ideas muy básicas, los personajes que surgen de ella tienen la sustancia justa como para sostenerla: son como clavos que sostienen fracturas múltiples.

Y es que el gran, enorme fallo es de base. La película plantea una completa redefinición de todo lo que sabemos sobre los transformers, con la excusa de proporcionar nuevos villanos y situaciones de peligro. Pero esto destruye todo lo que la anterior construyó, y para colmo, requiere un enorme esfuerzo explicativo, que aquí se soluciona de la manera más tonta: metiendo a más y más personajes que explican todo a cámara, mareando al espectador con giros cada vez más repetidos. Mientras tanto, las partes de acción se demoran, y cuando llegan, son totalmente caóticas y sin sentido.

A la película, que dura dos horas, le sobra fácilmente media hora, gracias a este desvío de la trama ya mencionado. Realmente resulta incomprensible cómo estos realizadores, hablando de Michael Bay y Steven Spielberg, entre otros, pueden haber creado un engendro tan caótico y poco divertido, no sólo lleno de los chistes malos de la primera (que en esa parte eran soportables) sino cargados de tantos elementos argumentales baratos que logran un doble fiasco: confundir y aburrir al mismo tiempo.

En resumen, ya sé lo que están pensando muchos muchachos. Sí, la voy a ver por Megan Fox. Pues ni eso logra la película: apenas unas escenitas y ya; después a jugar al Carmen Sandiego. Si es por ella, mejor busquen fotos en la red y vean de nuevo la primera. O miren estas fotos que encontré en este blog.



Y ya puestos a decir todas las verdades sobre esta mala película, los invito también a despotricar leyendo esta otra reseña, con la cual estoy 200% de acuerdo.

2 comentarios:

JMO dijo...

No la ví, pero sí leí un review que debe ir un poco contra-corriente. Checalo:

http://io9.com/5301898/michael-bay-finally-made-an-art-movie?skyline=true&s=i

Capitán Hidalgo dijo...

Por el contrario, me parece que es una forma muy, muy fina de tomarle el pelo a la película. Tan fina, que casi parece que la alabara en algún punto, pero en otras le da con un caño de acero en donde más duele. Lo peor de todo es que cuando no opina, dice TODA la verdad.

Si no es así y realmente dice lo que dice, pagaría por pegarle al que lo escribió con una bolsa llena de manijas de puerta (ver un suplemento de Paranoia para más detalles). Y eso que soy una persona tranquila, pero no puedo permitir que haya personas que digan ese tipo de cosas.