Aceleración y desaceleración


¿Por donde empezar? La verdad, no sé. Estos días fueron un sube y baja.

La depresión de los lunes, la dificultad casual para dormir y para levantarme han dejado atrás a muchas cosas. Por ejemplo, a los problemas para comer. Los fines de semana como más de la cuenta, todo lo que no logro asimilar en mi media hora diaria de desayuno y luego de almuerzo.

Las caminatas son otro clásico. Cinco cuadras, si me bajo donde debo. Pero también puedo evitar tomar el segundo colectivo y caminar unas veintipico, por mi cuenta, cuando no hace tanto frío ni tengo cansadas las piernas. Me encanta caminar, me aclara la mente. Es una costumbre que adquirí, también, al frecuentar siempre lugares con linda arquitectura, o con plazas. Así que, cuando el día arranca muy pesado, me quito algo de esa carga caminando.

Ahora se vino el frío, y esa opción no siempre es válida. En esta semana recordé lo que era sonreír espontáneamente. En la Terminal de Ómnibus, casi siempre hay algo que me saca una sonrisa: un pájaro, una niña muy abrigada, un par de chinos discutiendo, o encontrarme a Carlitos Barocelli que se va para Santa Fe. Claro, en este caso, la sonrisa me duró más. Y es que Rosario es chica, bonita, muy particular.

Estas caminatas, y el hecho de que hice coincidir mis horarios en el comedor cuando no hay casi nadie, me hace tener tiempo para pensar, y desacelerarme un poco. ¿Y qué pienso? Pienso en mi próxima jugada.

Estos últimas días me han servido para descubrir muchas cosas sobre mí. Particularmente sobre lo que realmente quiero hacer de mi vida y cómo quiero lograrlo.

Y son estas opiniones las que también iba y venían como la marea. Todavía las medito, y por eso no digo más, al menos por ahora. Lo cierto es que una vez más me siento libre, capitán de mi propio barco.

En los días de semana, casi no tengo tiempo para hacer lo que quiero. Los fines de semana, vuelvo a ser el que era, pero una versión acelerada, que no tiene mucho tiempo para "perder tiempo". He descubierto lo que significa, realmente, trabajar haciendo lo que uno desea. En estos días tuve más reuniones, envíos de mails y horas frente a la computadora que en otras semanas anteriores a mi primer día de trabajo.

En definitiva, he descubierto muchas cosas. Y el conocimiento es poder. El soñar es poder. El querer es poder. Ahora tengo que ver cómo y cuando lo uso.

2 comentarios:

Lobo Gris dijo...

Yo tengo la teoría de que uno va pasando por diferentes ciclos.

Hay ciclos para aprender y prepararse. Ciclos para descansar y meditar. Ciclos para relacionarse y obtener recursos. Y ciclos para hacer y crear.

El mayor éxito en ciertos ciclos depende de qué tan bien aprovechemos los otros.

Capitán Hidalgo dijo...

Justamente en eso estaba pensando el otro día. El tema es que, en la vida, esos ciclos no son fijos, y uno no sabe cuánto tiempo va a estar sembrando antes de poder cosechar. Hay que saber medir, tomar carrera y abandonarse a los ciclos en donde la cosa es más riesgosa.

Por eso me tranquilicé hace unos días, al llegar a una reflexión como esta. Aunque no sé qué esperar de ciertos temas, al menos sé donde estoy parado, y qué puedo sacar de este ciclo que me sirva para el siguiente.