The Hurt Locker (2009)


Traducida como Vivir al límite (un título ciertamente preciso, pero también un poco soso), se trata de una de las 10 películas que este año fueron nominadas a los premios Oscar. La curiosidad, lamentablemente, pasa por una cuestión familiar: su directora, Kathryn Bigelow, es ex-esposa de James Cameron. Los medios le dieron tanta rosca a Avatar que después lo único que les quedaba era mencionar esta película, mucho menos bonita y mostrable, por este dato.

Lamentablemente esto no es nuevo para esta cinta, que fue estrenada realmente en 2008 en Europa y que durante 2009 remó en las salas estadounidenses sufriendo una escasa exposición debido a la falta de copias. Sin embargo hay que decir que finalmente se hizo justicia: llegar a los Oscars no es moco de pavo, sobre todo si tu competidor tiene toneladas de dólares en promoción más que tú.


Yendo por partes
Mis ganas por ver la película surgen de cuando, hace cosa varias semanas, escuché a Juan Carlos Arciñiegas, un crítico de CNN en el cual confío mucho, alabarla como una película tremendamente intensa y hasta sádica. Fue allí que descubrí su existencia y decidí verla para tener mi perspectiva.

The Hurt Locker cuesta la historia de un adicto, pero de un adicto con convicción. El sargento William James llega a Irak a desempeñar el que puede ser el trabajo más peligroso y sucio del mundo (y ciertamente no el mejor pagado): desarmar los mortales y traicioneros dispositivos explosivos improvisados (o IED por sus siglas en inglés). Máxima exposición de una guerra ya no de guerrillas sino de terror puro, estos aparatos causan diariamente muchos muertos en Irak. Son instalados no por iraquíes contrarios a los estadounidenses (que no ganan nada matando a sus vecinos), sino por extremistas islámicos que simplemente quieren matar gente, sin importarle si son enemigos o civiles.

Ciertamente la película comienza con una cita que lo dice textualmente: la guerra es una droga. La prensa sin embargo tomó demasiado en serio esa parte, como si todos los personajes fueran adictos al peligro, y no es así. Parte de la profundidad de la trama surge de las fragilidades de cada uno, de sus diferencias y contrastes. Mientras James es un loco lindo, una curiosa combinación de temerario suicida y excelente profesional, sus compañeros lo observan como un bicho raro. Cada uno tiene sus razones para sobrevivir, y la cuenta regresiva hasta la fecha de retiro del frente de la unidad es lo que pone la tensión: se puede morir hoy o mañana, o el minuto antes de la partida.

Lo que sucede dentro de la unidad, cómo la guerra y sus personalidades los apartan y unen, los quiebran o fortalecen es algo digno de verse. En más de una ocasión, me vi proyectado hacia ciertas partes de Jarhead, una película que enfoca temas similares en una guerra anterior, la de Irak de 1991. La adicción a la adrenalina y el mundo aparte que se crea en una guerra tan intensa es un tema que en lo personal ya conozco un poco de sobra, pero que me sigue impactando e interesando.


Luces y sombras
La película es intensa. Las actuaciones son muy buenas, y tal como dijo Roger Ebert, no están basadas en grandes diálogos o en discusiones, sino en silencios con los dientes apretados, caras devastadas por la tragedia y rostros al borde de la muerte.

En lo técnico, la película también resulta interesante, sobre todo porque alumbra una parte del campo de batalla actual que no tiene prensa. Siempre nos enteramos de los atentados terroristas cuando suceden, pero muchas veces no pensamos en los hombres que arriesgan sus vidas para evitarlos, y en los intentos que logran abortar. Lo interesante de este abordaje, el hecho de que no sea una película de acción sino de suspenso, es parte importante de su impacto en la crítica.

Si a esto le sumamos que no se trata de una película patriotera, la cinta gana otro punto. Las motivaciones de los personajes no son tan planas como salvar al mundo: van paso a paso, salvandose a sí mismos día a día y asegurando en lo posible que nadie muera en el camino. Cada uno es un profesional a su manera: son soldados, pero su principal trabajo es desactivar la guerra, la tragedia diaria. No hay grandes banderas estadounidenses ondeando en el cielo, ni tiroteos en donde el occidental es un dios de la guerra y se las sabe todas. Las explosiones no son impresionantes sino trágicas, porque nos recuerdan constantemente que representan a las que suceden fuera de cámara.

Un acierto de la dirección y la edición es que la cinta está a montada a veces como un documental, con primeros planos que se van de foco y cámaras que corren como los personajes; por otra parte el tono general es el de la panorámica o el de la cámara inmóvil que simplemente apunta a una persona pensando, tratando de masticar el infierno en el que vive.

Por otra parte, si bien en lo técnico la película (que no es pretenciosa), es muy buena, hay algunas fallas que a mí, como aficionado a las cintas bélicas, me sonaron muy fuerte y le hicieron perder vapor al conjunto. Ciertas escenas son irreales, y los veteranos de Irak han llegado a decir que eran absurdas. Esto puede deberse a que el autor del guión, un escritor freelance que estuvo incorporado a una unidad estadounidense de remoción de bombas durante la guerra, no supo o no quiso buscar consultoría profesional para pulir sus ideas y darles más realismo. Tal vez el escaso presupuesto (11 millones de dólares, OMFG!!!), o la falta de voluntad de los realizadores hizo el resto. Después de todo, es una película independiente.

Aunque no lo he visto mencionado en las reseñas, a mí varias situaciones me parecieron demasiado previsibles; tanto, que se podían prever con diez minutos o más de anticipación. O es porque ya vi muchas películas de guerra o es porque el guión, nuevamente, no era muy sutil.

De todas maneras, creo que el fallo del conjunto es ese y no la dirección u otro apartado. Tomándola como un todo, estamos frente a una buena película y a una justa contendiente por el Oscar. Yo creo que es por esa combinación de elementos que ha tenido tan buenas críticas e incluso algunos que la atacan por la poca credibilidad la alaban por lo demás. Buen tema, buenas actuaciones, buena narrativa, buenos (y medidos) efectos, y pequeños detalles, aquí y allá, que suben la valoración cada vez que hay algo que no nos cierra.

Que todavía se puedan hacer películas de este tipo sin grande estrellas, con apenas 11 millones como presupuesto (mucho se ha ido en las explosiones y en el hecho de filmar en Jordania, a pocos kilómetros de Irak), es ya de por sí un milagro que debemos celebrar los cinéfilos.




1 comentario:

René López Villamar dijo...

En México le pusieron Zona de miedo, que sale peor.

Y sí hay grandes estrellas, pero lo chistoso es que en papeles muy secundarios.