The Hobbit: An Unexpected Journey (2012)


Este año es difícil elegir la película más esperada. Sin embargo, podemos decir que de todas ellas, la gran mayoría ha cumplido, a veces con creces, lo que yo como cinéfilo y como fan esperaba. La primera parte de este trilogía pasa a engrosar esta gran lista.

The Hobbit: An Unexpected Journey tiene todo, pero todo lo que un fan de Tolkien puede pedir: fidelidad al texto, tanto en letra como en espíritu; excelentes actuaciones y efectos especiales perfectos y deslumbrantes; un sólido guión, mucha aventura, acción y pizcas de humor.

Pero hay mucho, mucho más que decir sobre la película y las dos que le siguen. Dos grandes debates y controversias: el uso de una nueva tecnología de filmación y proyección, al doble de velocidad (48 cuadros por segundo en lugar de 24); y la expansión de dos películas a tres, para un texto relativamente corto y sencillo. Así que pónganse cómodos porque va a ser una reseña completa.


El desafío de tener dieciseis protagonistas
Trece enanos, más un hobbit, más un Mago. Un verdadero desafío para cualquier guión y director. ¿Cómo darle protagonismo a tantos personajes, sin diluirlos, sin confundir?

Peter Jackson lo logra dando a cada enano su espacio y su tiempo. De muchos vemos apenas un rostro, un gesto, un arma; en las dos restante películas los conoceremos más, en el momento indicado. No tienen capuchas de colores diferentes como en la novela, sino personalidades bien armadas, barbas, edades y actitudes diferentes. Si en el texto a veces no quedaba claro si eran o no parientes (recordemos que algunos lo son, pero no todos), aquí los vemos realmente como parte de un pueblo que lo perdió todo pero mantienen intacto su orgullo y sus tradiciones.

No hay mucho que decir acerca de Gandalf y Sir Ian Mckellen. Tanto el actor como el papel están perfectos.

La gran sorpresa, por así decirlo, la da el actor que interpreta a Bilbo Bolsón, Martin Freeman. Un verdadero desafío: cómo representar a un personaje que es la antítesis de la aventura, pero que de pronto se ve envuelto en la más grande que ha visto. Las primeras escenas, donde se ve esta dicotomía, son verdaderamente desternillantes, como en el libro, pero al mismo tiempo mantienen o incorporan una hermosa atmósfera de duda ante lo desconocido, de curiosidad ante el peligro. Luego el guión y el director le da mucho espacio para continuar explorando este personaje tan particular, a veces risueño, pero siempre serio y profundo.

Finalmente, Richard Armitage compone un perfecto Thorin Escudo de Roble. Atravesado por la tragedia y el odio, firme, serio, con la ambición a veces desmedida de sus mayores y un coraje a toda prueba, no es un personaje sencillo ni para el guión ni para el actor, porque resulta contradictorio y conflictivo debido a su orgullo y a su hermético carácter. Aquí se da la nota exacta, y es uno de los personajes que uno desea seguir viendo.

Por si fuera poco, el casting del resto de los enanos es también excelente, y sus caracterizaciones, como ya he mencionado, son perfectas. Uno va aprendiendo sus nombres y particularidades de a poco y no siente la necesidad de hacer memoria.

Pero no nos olvidemos de Gollum. Andy Serkis compone en él, ayudado por el acostumbrado nivel de los efectos especiales, un personaje realmente fuera de serie, apenas alejado del que ya conocemos, pero sólo donde el guión lo requiere.


¿Tres películas para trescientas páginas?
Esta es la gran duda, el gran debate que ha suscitado esta película dentro de los aficionados a Tolkien. ¿Hacía falta, es algo positivo o simplemente cuestión de hacer más dinero?

Hace tiempo escuché/leí un comentario que decía que los cuentos son mucho más fáciles de adaptar a películas. La razón era que el equipo creativo (léase el director, el guionista y los productores) no se ven obligados a recortar las partes del texto que alargaban demasiado la película, ni tienen que dejar de lado detalles y subtramas interesantes para ajustarse a una duración standard y a una narrativa más o menos lineal. El ejemplo dado era la película Inteligencia Artificial, que justamente estaba basada en el cuento homónimo.

El argumento planteaba que un cuento, al tener menos material de base, permitía expandir el mundo esbozado a trazo grueso, dando espacio a la creatividad de los realizadores sin tener que contraponerla a la del autor original. Muchas novelas tienen demasiados personajes, subtramas, escenas y situaciones para una película de dos horas, o incluso de tres horas de duración. Un cuento puede ser adaptado en, por ejemplo, una hora y media, dando media o una hora más para profundizar aspectos que aparecen resumidos o que suceden entre líneas, o incluso que no han tenido lugar en la ficción pero que los realizadores consideren interesante insertar.

En resumen, en lugar de recortar, estaba la posibilidad de crear. En lugar de una traducción exacta y perfecta, algo imposible, había una recreación, algo alcanzable y posiblemente mucho más efectivo a nivel historia.

Saco a cuento este comentario, con el cual acuerdo totalmente, porque considero que algo similar ha sucedido con el caso de El Hobbit, aunque tomándolo como novela. De pronto, una trilogía ha sido más adecuada para contarlo completo, pero dejando espacio para que otros elementos, tomados o no del mundo de Tolkien, pudieran enriquecer el conjunto, llevándolo a nuevos niveles.

En un primer momento, cuando Peter Jackson dijo que estaba dudando entre realizar una duología o una trilogía, pensé que aquello estaba mal. Dos películas eran más que suficientes como para contar la historia. Pensé, como muchos, que todo era asunto de dinero, y que el resultado podría ser terrible.

Sin embargo, lo dejé allí, flotando. Seguí leyendo noticias sobre la cinta y de a poco fui cambiando de idea. Lo que Jackson decía tenía sentido: tomar elementos de otras obras de Tolkien para enriquecer un relato que ya de por sí no era muy complejo, ya que había sido pensado para niños (los hijos de Tolkien, pero niños al fin). Empecé a recordar, y hablando con otros fans, fui recordando también fragmentos de El Señor de los Anillos y de sus Apéndices, principalmente. Una lectura al menos superficial nos da cuenta de gran cantidad de datos al respecto.

También, hace un par de meses, leí el libro nuevamente y redescubrí algo: su prosa es mucho más sintética y rápida que la de la obra mayor de Tolkien. En pocas líneas resume batallas, conversaciones y viajes de varios días. De nuevo, tenía sentido que algunos párrafos tomaran veinte minutos de acción en pantalla: no era necesario inventar nada, porque si bien no estaba todo escrito letra por letra, sí estaba en espíritu.

Y es aquí en donde el argumento que planteo se hace fuerte. Lejos de ser una "traducción" (como lo fue la trilogía anterior, libro por libro), tenemos aquí una reinterpretación de un texto que tiene más potencial del que expresa en papel.


[SPOILERS]
A partir de aquí asumiré que el lector ha leído tanto El Hobbit como El Señor de los Anillos, para poder presentar libremente mi opinión al respecto. Si no has leído alguna o ninguna de estas obras, puede pasar al siguiente subtítulo.
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¿Por qué digo esto? Recordemos que Tolkien no sólo escribió El hobbit para sus hijos (lo que explica las escenas con humor, las canciones y los párrafos muy resumidos -era un profesor muy ocupado al que no le alcanzaban las horas del día). Fue su primer libro exitoso, y tomó muchas cosas de él para la continuación que los editores le pedían: lo que se desarrollaría como El Señor de los Anillos. Y es ahí donde hay un eslabón flojo. Tolkien seguramente quiso reescribir su primera obra para emparejarla mejor con la trilogía, pero no pudo.

¿Qué le quedó afuera? Pues no poco. Principalmente algo que liga, de manera bastante directa, ambas historias. Porque rápidamente nos damos cuenta que el lazo entre El Hobbit y SDLA es el Anillo y ciertos personajes que lo rodean: Bilbo y Gandalf, los dos protagonistas que inician ambas obras. Pero hay una subtrama que Tolkien no llegó a reescribir, y es la del Nigromante.

¡Nada más ni nada menos que Sauron antes de materializarse en Mordor! ¿O acaso no les parece raro que ese tema tenga tan poca importancia? Tanto es así que cuando Gandalf aparece luego de muchas páginas de no intervenir en la acción, la única explicación es un párrafo en el que cuenta, sin dar detalles, cómo él y los Magos se reunieron para acabar con el Nigromante. Un párrafo. Evidentemente Tolkien necesitaba una buena excusa para sacar a Gandalf del camino, debido a que era muy poderoso para la trama que los enanos debían resolver por su cuenta, junto a Bilbo. Y creó un personaje misterioso, al que no le dio mucha importancia, pero que era el prototipo de uno de los mayores villanos de sus próximas obras.

En este punto Jackson vio la oportunidad de contar todo aquello que no podemos más que imaginar. Tomar ese párrafo en profundidad implica introducir a Saruman, a Radagast, a varios Altos Elfos, más escenarios, más historia, etc. etc. Si a esto le sumamos la expansión de todas esas batallas y situaciones ya mencionadas, que en el libro solamente se narran en dos líneas, tenemos una solución perfecta al dilema de la duración de la película.

Y si a esto le sumamos que Jackson ha sido muy cuidadoso y apenas ha introducido material de su propia cosecha (detalles con los que no estoy de acuerdo, pero son apenas pizcas), todo cierra.



¿48 cuadros por segundo? This is madness!!
La trilogía será de las primeras cintas en filmarse y proyectarse con una nueva tecnología, que duplica la cantidad de cuadros por segundo. Es decir, que tendrá el cuadros y que veremos "a otra velocidad".

Ahora bien, esto sería una locura (y lo dice alguien que ha visto rollos de películas en un cine de verdad, son casi tan grandes como ruedas de camión) de no ser porque las cámaras y los proyectores son digitales y no requieren ya de celuloide.

Pero hagamos un poco de historia. Allá atrás en el tiempo, en las primeras décadas del cine, el celuloide, material con el que se hacía la cinta para filmar, era muy caro. Se trata de un material sintético que es bastante inflamable. Había que tener cuidado para que la cinta no se derritiera o se incendiera el proyector, algo que fue la ruina de muchos cines. La cuestión costo y la cuestión velocidad impedían que una película durara demasiado.

A comienzos del siglo XX, las películas se proyectaban a velocidadades variables, entre los 14 y los 26 cuadros por segundo. Eran los tiempos de las películas mudas, y por eso ahora, cuando vemos una, nos resulta graciosa la velocidad con la que se mueven las personas: frecuentemente han sido filmadas a menos velocidad de la actual, y al convertirlas a la actual, parecen aceleradas. En esa época no había un standard en cuanto a velocidad de proyección, porque el ojo y el cerebro humano son engañados por la "ilusión de movimiento" al pasar de los 14 cuadros por segundo.

Sin embargo, a mediados de la década de 1920, al introducirse el cine sonoro, los técnicos se dieron cuenta de un detalle. Si bien los espectadores toleraban los movimientos "a saltos" que tenían algunas películas al ser proyectadas lentamente, como el sonido estaba impreso en la cinta, variar la velocidad de proyección haría variar también la frecuencia y velocidad del sonidos. Algo así como lo que sentimos ahora cuando escuchamos un cassette viejo o que tiene mal la cinta: un efecto bastante perceptible y para nada agradable.

La solución era sencilla: poner un standard de velocidad que todos respetaran. Así, los fabricantes de cámaras de cine y proyectores pusieron todo a 24 cuadros por segundo, luego de varias pruebas. Algunos no estuvieron de acuerdo: Edison dijo que el mínimo debería ser 46 cuadros por segundo. Lo más probable es que las cuestiones técnicas y de costos fueran las razones por las cuales nadie le hizo caso. Se podían construir proyectores que tuvieran esa velocidad, pero seguramente eran más caros, y así también se hubiera requerido una cantidad enorme de metraje, algo prohibitivo para muchos estudios.

De manera que desde esa época, todas las películas que hemos visto, tanto nuestros abuelos como nuestros padres y nosotros mismos, han sido exhibidas en esa calidad: 24 cuadros por segundo.

Es uno de los casos de permanencia tecnológica más largos, y tiene grandes consecuencias porque plantea cómo vemos esa realidad ficticia que es el cine. Tanto es así que, como muchos preveían (incluso el mismo Jackson), hay quienes dicen que la película, en este formato, se ve como si fuera una mala producción de televisión. Pareciera como si mejor calidad fuera peor calidad. Y en realidad todo se trata de una percepción, en donde los años y años de ver cine de una manera influencian nuestra forma de seguir viéndolo.

En lo personal, me interesa mucho más este desarrollo técnico que el 3D, que me resulta innecesario y hasta artificial. Realmente creo que puede ser algo positivo al mejorar la calidad de las imágenes del cine, que ya de por sí son muy buenas, y tengo muchas ganas de ver si estoy o no en lo correcto.

Pero hasta aquí puedo opinar. Me encantaría seguir la opinión de varios críticos en Internet, que recomendaron ver primero la película en 2D y a 24 cuadros por segundo (para disfrutarla sin sorpresas en el medio) y luego en 3D y a 48 cuadros por segundo, para tener una opinión al respecto. Sin embargo, gracias a las absurdas y draconianas políticas aduaneras del actual gobierno de Argentina, parece que los proyectores digitales necesarios para este formato no van a entrar al país por un tiempo. Así que será para la próxima.


En resumen
¿Qué puede esperar un aficionado a la obra de Tolkien, que haya leído sus obras o al menos haya visto la trilogía de El Señor de los Anillos? Como dije antes, una fidelidad muy grande a los textos, con pocas alteraciones (en mi opinión, algunas bastante innecesarias, pero que no cambian el espíritu de la obra). Pero también una edición y un guión muy astuto, que permite cambiar la lógica de la narrativa cuando es necesaria una traducción estructural entre el texto y la pantalla.

Excelentes actores, buenos personajes, acción, aventura, algo de sabio humor (que estaba implícito en el texto y que aquí cobra vida) redondean una producción casi perfecta. Finalmente nos damos el gusto de disfrutar de escenas icónicas de uno de los clásicos textos que fundaron el género de fantasía medieval.

A nivel técnico, todo es similar o mejor que la anterior trilogía tolkieniana de Jackson: los mismos escenarios naturales que quitan el aliento, un excelente trabajo de generación de imágenes por computadora y muchos hábiles efectos visuales. Todo bien armado para que nunca sepamos qué es real y qué no lo es.

¿Se puede pedir más? Sí, que la vayan a ver los que todavía no se asomaron a la Tierra Media, ya sea en versión fílmica o literaria. Si ha gustado a tantos aficionados, que dudaban del buen hacer de Peter Jackson, es casi seguro que les encantará.


4 comentarios:

Aleram dijo...

El hecho de narrarla en tres películas le da una oportunidad a la historia de que " respire", pero además si es cierto que es una movida económica, creo ayuda a ambas cuestiones, por un lado como dijo Jackson, el día de mañana yo voy a tener la trilogía de "El Hobbit" en mi repisa junto con las del "Señor..." y van a tener un sentido de continuidad, algo a lo que responden también a los cambios que decís no te gustaron. Con respecto a los 48fps, Jackson dice que va a experimentar a ver como responde el público a la misma, para el 3D crea a mi parece una experiencia aún mas "inmersiva" porque elimina algunos borrones aunque es cierto cuesta acostumbrarse y parece por momentos una serie de Hallmark. En Rosario está en este formato solo en el Village donde pude verla. Es una teconología en pañales y habrá que seguirla.

Gastón Nicolás Flores dijo...

¡EPA! Si está en el Village tengo que darme una vuelta, no sabía. Me quedé en buscarlo en el Showcase y ese solamente lo tiene en Baires. Por una vez le pegaron :D Gracias por el dato!

Trewaster dijo...

Buenas! de mi parte también releí el libro un poco antes del estreno para tenerlo fresco y así poder disfrutarla (¿compararla?). Mi problema fue que desde el inicio me costó diferenciar la obra de Tolkien de la de Jackson y cuando notaba algunas cosas que no iban algo dentro me decía "¡Ésto no es así!". También sucede que no me puse a leer y averiguar sobre las intención del director, de que sea una trilogía, de que tenga la continuidad con "El señor...", cosas que desde el inicio de la peli pude notar y me sacaron una linda sonrisa de conformidad.

Me ha encantado e intrigado la subtrama del Nigromante, y cómo han representado al Rey Trasgo. Aunque no fue así con los gigantes de la montaña y con la hermosa escena de Berto, Tom y Guille. En sí a pesar de esas modificaciones y mi problema de que tiene que ser fiel al libro, me ha gustado.

El único detalle es que tantas horas frente a una pantalla 3D con unos lentes de calidad dudosa han provocado en mi un lindo dolor de cabeza ¡y eso que estoy acostumbrado a muchas horas de pc!

En fin, me ha gustado tu reseña, me sirvió para notar y entender algunas cuestiones sobre el camino que decidió tomar el director y bueno, felicitarte por tu blog, desde hace tiempo te sigo y la verdad es que es un gusto.

¡Qué la paz le llegue y pueda disfrutarla en éstos días de fiestas!

Gastón Nicolás Flores dijo...

Trewaster, qué bueno que te ha gustado y te ha servido, es justo a lo que apunto. Espero en estos días poder ir a verla en esta nueva tecnología. Un abrazo y feliz año nuevo para todos.