Festival de Historietas, Humor, Animación e Ilustración 2014


Hay eventos que caen en el momento justo. El FHAI (Festival de Historietas, Humor, Animación e Ilustración) de este año fue uno de ellos.

Estaba todavía digiriendo la escasa posibilidad de ir a la Argentina Comic Con de este año cuando me llegó la invitación a este evento paranaense, de parte de Lisandro Estherren, quien estaba colaborando con la organización del evento. Le dije que sí apenas vi que la agenda estaba vacía en esa fecha. A partir de ahí, solo hizo falta acomodar algunos detalles menores y boom!

Este Festival se realiza en Paraná, Entre Ríos, desde 2013, año en el que tuvo una duración de un día. En 2014 se lo agrandó a dos, un viernes y un sábado, y la invitación incluía una bonita estadía y traslado pagos.

Los días anteriores estuve un poco ansioso. Era la primera vez que me invitaban, con todas las letras y privilegios, a mí personalmente (y no a la revista en conjunto), a una convención fuera de Rosario. Afortunadamente mi compañero de Términus, Damián Couceiro, también había sido invitado y pudo acompañarme. El resto de los miembros fundadores de la revista partieron para Buenos Aires, en donde la Comic Con los trataría de maravillas.

Sin muchos problemas arribamos el viernes 14 de noviembre, por la tarde. Apenas unos días antes habíamos sacado el número 7 de la revista de la imprenta, así que íbamos extra-cargados de revistas, y con un estreno para promocionar.

La verdad es que en los dos días nos encontramos con una organización excelente, que tenía resuelto pasajes, alojamiento y varios otros detalles.


Viernes
El escenario, en medio del patio central, donde se
realizaron algunas entrevistas y los cierres musicales.
Por motivos ajenos a la organización llegamos un poco tarde (habían cancelado el servicio de colectivos que nos dejaba a buen horario), así que apenas llegamos tuvimos que montar el stand frente al público presente. Mientras Damián se iba al hotel a dejar su equipaje, me ocupé de ese tema en el espacio que teníamos.

Tuvimos algunos problemas. El lugar no era chico, pero con siete números de la revista, de pronto resultó más difícil acomodar tanto material en una sola mesa. Así que después de probar un par de versiones me quedé con la que resultaba más acertada... y que luego volvimos a cambiar cuando regresó Damián.

En ese momento me fui al hotel, dejé todo en mi habitación y volví a la convención, que gracias a los organizadores, estaban separados por apenas tres cuadras (con una considerable subida, pero bueno, era Paraná, con una orografía muy interesante a nivel geológico, no así tan cómoda para caminar).

Siempre acompañados y ayudados por Lisandro, comenzamos a conocer a algunos de los organizadores y también de los asistentes al evento, que eran principalmente de Paraná, Santa Fe y la zona.

Otra parte del espacio para stands, desde nuestro punto
de vista en medio del patio.
Aunque llegamos un poco tarde, eso no nos impidió vender una cantidad decente de números, sobre todo a personas que ya nos conocían y querían completar la colección.

Esa tarde el evento principal fue sin lugar a dudas la entrevista a Gabriel Marchesini, creador de Tino y Gargamuza. Un rato realmente muy divertido y gracioso, y que de hecho fue aprovechado por el público de esa tarde, predominantemente familiar.

Después de un cierre musical y alguna que otra peripecia, nos fuimos a comer y después a dormir. El sábado nos tenía escondidas muchas sorpresas y aventuras.


Sábado
Con los días cambiados (porque era el segundo día de la convención, pero era sábado!!!) y con mucho calor, decidimos con Damián y su novia darnos una vuelta por Paraná durante la mañana. Gracias a los datos de Lisandro, a los mapas que nos dieron en el hotel y a la rejilla bastante pareja de las calles, nos embarcamos en una travesía por la peatonal, camino a la costanera.

Ni que decir que lo que en papel era fácil, en la realidad fue una creciente tortura. Hacía MUCHO calor, no habíamos llevado nada para beber ni para cubrirnos la cabeza, y el recorrido de unas veintipico de cuadras (en bajada, después en subida, después en bajadaaaa) nos fue comiendo las ganas lentamente. Si llegamos a la costanera era porque cuando se nos apagaron las pilas estábamos cerca de la misma, y porque sabíamos que ahí estaban los comedores.

Así que nos instalamos en un restaurant y comimos... tal vez demasiado. Salimos al aterrador sol del mediodía y supimos que no íbamos a llegar muy lejos así. El calor me apretaba la cabeza, el enorme plato de pacú con papas fritas se me había ido a las piernas y en algún momento pensé que me iba a desmayar. Caminamos despacio, nos alejamos de la costanera lo justo para tomarnos un taxi y boom! Llegamos al hotel y lo primero que hicimos fue hidratarnos. Lo segundo, dormir una siesta con aire acondicionado. Fue como nacer de nuevo.

Supuestamente teníamos que estar en el evento a las 17, pero cuando terminamos de recuperarnos con Damián, y llegamos al mismo, vimos que armar el stand no iba a ser nada fácil. El patio del evento era un lugar abierto, y el sol estaba dando justo sobre nuestra mesa. Así que simplemente nos sentamos a la sombra a esperar a que el sol siguiera su curso, y a eso de las 18, poco antes de que empezara a llegar el público en masa, pudimos volver a poner nuestras revistas a la vista.

La Casa de la Cultura de Paraná, sede
del evento.
Previamente tuve una experiencia muy positiva, la de encontrarme con mi amigo y dibujante Juan Fioramonti, a quien no veía desde hacía bastante tiempo. Aunque pude charlar poco con él, siempre es bueno hacerlo, y sobre todo cuando hay cosas positivas para contar.

Volviendo a la convención, esa tarde el calor fue cediendo lentamente. Con una lógica horaria a contramano de todo lo que yo había acostumbrado ver en Rosario, la convención en sus dos días arrancó a las 17/18 horas y terminó a la medianoche, tal vez en parte porque los organizadores estaban al tanto de que el calor ahuyentaría a la mayoría del público. Tal vez porque ahí la siesta se respeta más, también.


De todas maneras, en la sombra, y gracias a la ayuda de Aüita, una bebida local que más que agua saborizada parecía jugo de damajuana diluido, logramos sobrevivir. El público este día fue mayor, aunque cayó en malón hacia las 19/20 horas aproximadamente, cuando se registraron la mayoría de las ventas, consultas sobre la revista y charlas con los aficionados.

Tal vez parte de este interés fue la charla sobre Términus, que tuvo lugar en el auditorio de la Casa de la Cultura, y la entrevista a Damián, también en el mismo lugar. Como los representantes de la revista solamente éramos dos, y Lisandro (que tenía su stand al lado nuestro) era el coordinador de ambas, quedé a cargo de la primera, mientras Damián atendía el stand con su novia; luego intercambiamos lugares.

La verdad es que fue un momento muy lindo, porque siempre es positivo contar la experiencia de la creación de la revista y mostrar los buenos resultados. Pero fue algo doblemente agradable porque noté mucho espíritu de emprender, de abrirse a nuevas cosas, de experimentar y probar nuevas formas de producción. Durante la charla, y también después, muchos dibujantes y lectores se nos acercaron para ofrecer material, charlar, comprar revistas, hacernos preguntas puntuales o generales, etc.

Aüita: solo disponible en Paraná.
En ese sentido, fue para mí el mejor día, por que el contacto con el público fue excelente. Además, descubrimos que Paraná está surgiendo en el mapa comiquero no solo al organizar un evento de este tipo, sino también al ganar lugares que venden comics. Porque sin comics no hay aficionados al comic. El stand de El Templo del libro demostró estar tremendamente bien surtido de todo tipo de historietas: nacionales, de superhéroes yanquis, manga, europeas, etc. También descubrimos que venden nuestra Términus (hasta tenían el número 7, que había salido pocos días antes), así que con gusto les transferimos muchos clientes cuando alguien nos preguntaba dónde conseguir más números. Y eso es un paso enorme.

Así, de a poco se nos fue ese día, charlando con dibujantes, animadores, fanzineros y todo tipo de fauna artística.

El sábado terminamos especialmente tarde. Con todo el cansancio de la caminata salvaje de la mañana, más el calor y el estar parado mucho tiempo, declinamos con algo de pesar una invitación de los organizadores para cenar con todos los invitados, y nos fuimos a comer algo en un lugar más rápido y cercano. Y después, al sobre.

El domingo nos levantamos temprano y nos volvimos a Rosario después de una recorrida rápida por la ciudad, ahora de la mano de Lisandro, que se lució como guía turístico.


Conclusiones
Es fácil señalar defectos en convenciones. Por esa fecha estuve charlando mucho al respecto con gente de mucha experiencia, amigos y conocidos, y la cuestión es diferenciar distintos tipos de errores (algunos más graves que otros). Pero también comprender que nadie nace sabiendo y que ciertos eventos van a tardar más que otros en nacer, crecer y desarrollarse, dependiendo de muchos factores humanos, institucionales, coyunturales, etc.

Actualmente muchos elogian a Crack Bang Boom, pero olvidan que surgió de personas con mucha experiencia previa, en una ciudad llena de propuestas culturales de las que se podía aprender, con gran asistencia de organismos estatales, y montada sobre la existencia previa de un evento diferente pero también muy exitoso, como fue Leyendas, que duró nada más ni nada menos que 10 años. Es un ejemplo muy positivo pero difícil o imposible de imitar en otros lugares, de una convención que arrancó con un nivel altísimo y siempre lo mantuvo o lo superó, año a año.

¿Por qué digo esto? Porque muchas convenciones, en ciudades más pequeñas, sin historia previa en esa materia, con menos recursos humanos y económicos, tendrán que crecer desde más abajo para hacerse un lugar en el calendario y atraer a más público. Porque como muchos eventos, el FHAI tuvo algunos errores, pero creo que de los esperables, y de los más solucionables con la experiencia, el aprendizaje y la incorporación de más personas en áreas críticas. Charlé un rato con algunos de los organizadores y me quedó claro que ellos conocen sus limitaciones (principalmente, el no saber mucho de todas las disciplinas artísticas que encierra la propuesta, varios lenguajes muy diferentes y ricos en recursos). Como dije antes, noté muchas ganas de todos por hacer que ese espacio funcione y mejore año a año, algo que resulta fundamental para el éxito.

Tal vez falló un poco la comunicación, tanto interna (los invitados ni se conocían entre sí, y creo que muchos ni sabían quiénes eran los invitados) como externa (hacia el público). Sin embargo, incluso este es un error algo esperable, sobre todo cuando faltan personas en la organización y/o sobran ganas pero no conocimiento específico. Es algo que puede solucionarse con una o dos personas dedicadas al diseño, al buen uso de una cuenta de Facebook o Twitter.

Tal vez, como sucedió un poco en el caso de Villa Viñetas (otro evento que este año cumplió su segundo aniversario) el cambio de sede atentó un poco, por desconocimiento del público, por alguna cuestión edilicia o de ubicación, etc. En ambos eventos noté esto que comentaba antes: son pocas personas para un emprendimiento que intenta crecer y resulta importante sumar gente responsable para áreas críticas.

Dejando de lado muchas diferencias, veo en ambos eventos esta necesidad de crecer inteligentemente para mejorar lo ya hecho, que aunque presente algunos errores, ha sido muy positivo e importante para la zona. El comic busca ganar más lectores, busca resurgir como algo cultural, artístico, y también como algo de relevancia económica, y esto no puede hacerse sin aficionados. Son los eventos como el FHAI o Villa Viñetas los que logran esto, sobre todo en regiones urbanas alejadas del desarrollo económico y cultural de ciertas capitales (particularmente teniendo en cuenta las desigualdades internas que Argentina tiene en estas materias). Estos eventos son fundamentales para que el comic siga adelante, plantando una semilla en terreno que parece desierto e inhabitable. Pero como toda semilla, hay que saber hacerla germinar, y sobre todo, tener paciencia.

Espero el año que viene ser invitado nuevamente y asistir a un evento incluso mayor, con dos o tres números más de la revista bajo el brazo. Será un placer.

1 comentario:

Fede Sartori dijo...

La única crítica que te puedo hacer es que no pusiste "aüita" como etiqueta para buscar el post :P jajaja es buena esta clase de reseñas,para saber de qué se trata los que no pudimos asistir!!