
Por otro lado, se va también lo bueno. Dejamos de vernos semanalmente con mis compañeras, muchas de las cuales ya son amigas que espero mantener toda la vida. Borré hace segundos la alarma del celular que me despertaba todos los sábados, bien temprano. Es un signo más del cambio.
Pero como digo, todo es parte del cambio. Y hay que cambiar para llegar al todo.
Quedan sin embargo un par de materias que, afortunadamente, están algo más lejos en el tiempo y nos dan espacio para respirar, para llegar a la meta caminando. Al menos, en mi caso.
Y en el camino también están las cosas que uno ha tenido relegadas, a veces mucho, a veces poco, y lo que surge en el momento. Concursos, ansias, propuestas. Cosas para sacar y poner. Un tetris diario de ocupaciones varias, digamos. Sigue todo mezclado, porque hay cuestiones del profesorado y otras que no. Tal vez eso es lo que más incomoda.
Lo bueno es que, lentamente, todo se va acomodando. De hecho esta entrada es parte de esto. Simplemente la pensé y la escribí. Y así voy armando los días: con algo viejo, algo nuevo y algo espontáneo.
Los dejo, tengo que seguir escribiendo.
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