Leyendo "La sombra del ayer" (I)

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No sé si por inspiración indirecta de este juego, o por simple idea mía, hace tiempo concebí una ambientación que coincide en parte con él, y de allí surgió la idea de hacer un hack. Esto sumó un motivo más a mis ganas de jugarlo.

La sombra del ayer fue el primer juego traducido y producido por SAS, y una de las pocas iniciativas en las que no participé para nada (el otro fue Donjon). De manera que era una doble cuenta pendiente.

Por mucho tiempo, principalmente leyendo lo que aparecía en este foro, fue creciendo la necesidad de al menos leerlo. Afortunadamente hace poco un amigo (gracias Gonzalo) tuvo la amabilidad de imprimirlo en su casa. Así, este pobre escritor de castigados ojos no tuvo que quemarse las retinas frente al monitor.

Empecé hace unos días y tengo que decir que me gusta. Me gusta mucho. De más está decir que, como lo imaginaba, es el tipo de juego de rol que siempre quise jugar y dirigir. Uno en donde las decisiones y los personajes son lo más importante, y no el daño de una espada o la capacidad de trepar paredes en silencio. O de tirar hechizos exóticos.

Particularmente curioso, ya de entrada, me resultó el asunto de que ciertas actividades (como tener sexo o beber mucho) tuvieran efecto en el personaje, renovando Reservas. Me hizo acordar a varias partes de la saga de La Tierra moribunda, de Jack Vance. Las partes más alucinógenas, pero también las más divertidas.

Mucho más adelante (estoy en el capítulo 4), me encontré con el Pegar Duro. Como lo habían anunciado en el foro, al principio asusta un poco. El juego en general es muy sencillo, y así como está explicado, de pronto pareciera como que deja de serlo. De todas maneras, doblemente advertido (por los traductores mismos y por el juego en sí), me quedo más tranquilo, sabiendo que con un poco de práctica, seguro que el asunto se va a resolver.

Estoy gozando ahora con los Secretos y las Claves. Y anotando cosas para mi hack. El principal punto de enlace, digamos, entre ambas ambientaciones es básico: el mundo se recupera de una catástrofe global. En este caso no es el "fuego del cielo", sino el mismo exilio de los dioses, quienes partieron del plano material para evitar destruir el mundo en su guerra "civil". El mundo que estoy construyendo solamente tiene seres humanos, de muchas culturas y regiones, enfrentados a rehacer sus vidas en un mundo que lentamente pierde la esperanza de su retorno.

Más adelante cuento más. Por ahora quiero seguir leyendo y disfrutando.

¿Comiqueros o locas histéricas?

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Utilizo este estereotipo machista y altamente ofensivo para plantear una pregunta que me surge desde hace días, gracias a la natación que hago en los post de cierto sub-foro de comics.

Como guionista pero también como proyecto de microemprendedor (si nadie me edita, tal vez yo me edite en algún momento), me puse a escuchar qué opinan los comiqueros nacionales sobre las editoriales, formatos, precios, etc. etc. Como me pasa con el rol, me gusta estar informado de lo que sucede editorialmente y de la "opinión pública" que rodea a las decisiones comerciales de las empresas. Pero también, en este caso, me interesa saber qué están haciendo, de bueno y de malo, las editoriales nacionales de comics, para poder, el día de mañana, tomar sus ejemplos en cualquier proyecto que me incluya.

Pensaba descubrir patrones de algún tipo, pero en cambio, descubro cada día que cada uno "odia" algo diferente, y pocos parecen estar de acuerdo con algo positivo.

Hace poco Ovni Press volvió a editar Hellboy en Argentina, con lo cual yo me puse doblemente contento: se retomaba una serie cortada que a mí me gusta, y una editorial nacional pequeña "subía de nivel". Pero pocos parecían tener el mismo entusiasmo. La mayoría criticó el precio de 25 pesos (menos de 5 euros) por un comic completamente a color, en papel de buena calidad y con una edición cuidada. ¿La razón? El tamaño. En lugar de usar el tamaño de las ediciones anteriores, usaron el recomendado por Dark Horse, que es más pequeño (no mucho, pero se ve la diferencia). En lugar de alegrarse, más de uno picoteó como buitre la iniciativa, una y otra vez, a pesar de que el responsable de la editorial explicaba que usar el formato anterior hubiera elevado todavía más el precio, y que en ese formato se editó la serie recopilada en EEUU.

Para peor, otros agredían la cantidad de páginas: 64, y a todo color, por 25 pesos, les parecía aparentemente un robo. Esta gente no debe haber pisado muchas librerías, en donde por un libro cualquiera te cobran COMO MÍNIMO 30 pesos, aunque tenga 100 páginas y sea en tamaño bolsillo. Si buscamos una buena relación precio-cantidad de hojas, mejor conseguir las guías de teléfono, justo ahora que Telecom las está distribuyendo: miles de páginas enormes, y son gratis.

Después de esta seguidilla de escaramuzas, en las cuales traté de hacer entrar en razón a algunos mientras defendía la iniciativa de una editorial argentina cuya tarea, me parece, es loable, comencé a ver esto que es el título de la entrada. No sé si somos comiqueros o histéricas.

Ponemos el grito en el cielo porque hay que comprar comics importados, pero cuando una editorial argentina se calza los pantalones, le tiramos con todo, y muchas veces sin razón.

Desde ese entonces no tuve experiencias similares, pero pude ver, a veces sin entrar en la discusión, que hay gente para todos los gustos. Gustos negativos, claro. Hay quien confiesa que "odia el blanco y negro", y de hecho varios han expresado opiniones similares. Supongo entonces que considerarán que Maus es una mierda porque no tiene colores. O que Risso es un tarado porque no le pone onda a lo que hace. No sé. Ah, y El Eternauta no vale nada.

Claro que, si uno le agrega color a los dibujos, de pronto el precio se dispara. Uno edita en papel de calidad moderada para no subir demasiado los costos. Entonces chillarán los que dicen que es caro y el papel es malo. Ponemos papel de mejor calidad y subimos el precio. ¡Eh, pero cómo! Si el número anterior era más barato, ¡hijo de puta, bastardo capitalista!

De más está explicarle que la editorial en cuestión es pequeña, que no puede comprar toneladas de papel para bajar el precio, que es la primera vez que edita algo del extranjero y no puede arriesgarse mucho, que no es una megacorporación que quiera chuparte la sangre y que no van a hacerse millonarios con un sólo comic. De más está decirte que es una editorial que seguro no banca a más de 10 personas y que hacen todo a pulmón, y que editar comics en Argentina es una tarea quijotesca, casi suicida. Vamos a tumbar el árbol y a hacerlo leña con todo lo que tengamos a mano.

Si esto ya de por sí era deprimente, una de las lógicas expresadas me hizo plantearme el suicidio, porque de pronto el mundo no tuvo sentido: no quiero pagar 25 pesos por un comic a color de 64 páginas. Como son pocas páginas, las leo en 5 minutos y entonces no vale la pena.

WTF!!! De nuevo volvemos a la sugerencia de la guía de teléfono. Obvio que el comic se lee más rápido, si por leer entendemos solamente mirar las letras. Hay menos texto en 64 páginas de comics que en 64 páginas de una novela. Dah!! Pero este supuesto comiquero, ¿lee realmente el comic? ¿Mira los dibujitos? ¿Experimenta un goce estético cuando pasa las hojas, o simplemente lo hace como cuando hojeamos una revista de modas en la sala de espera del dentista, porque no nos queda nada más para hacer? ¿No considera lindo tener guardados esos comics y poder volver a leerlos, poder prestarlos, poder hojearlos en cualquier momento, poder quedarse unos segundos mirando el coloreado o el entintado, poder compararlo con la obra del mismo autor antes y después, leer entre líneas para discutir sobre la trama en un foro o en un bar con un amigo? ¿No? ¿Entonces qué es?

De más está decir que esa lógica no resiste ningún análisis. No estamos hablando de gustos, de "prefiero este tamaño, pero bueno, si otra no hay...". Hablamos de gente que putea en foros y seguramente prefiere comprar el tomo importado de España, que le sale mucho dinero más, sólo por tener páginas apenas más grandes. Hablo de gente que, tal vez por un prejuicio tonto hacia el manga, no se acerca a obras reconocidas porque están en blanco y negro. Hablo de gente que, antes de preguntar por la calidad intrínseca de un comic, pregunta tiene hojas a color, porque si no el precio "es muy alto", y porque si son en B/N "nah, mejor paso, no me gusta". Hablo de gente que critica un comic por tener veinte páginas menos que otro, sin sentarse a leerlo, sin siquiera saber si se trata de una recopilación de capítulos cortos o de una obra completa. Hablo, en suma, de prejuicios y odios absurdos, que ponen en peligro la escasa industria editorial de comics.

Actualmente hay muchos pedidos en ese foro, y mucha movida en diversos lugares virtuales comiqueros. Los aficionados quieren que se reediten en tomos recopilatorios obras maestras del pasado, de la etapa de Columba u Hora Cero. También está pendiente la primera edición completa de muchos comics de autores nacionales que solamente fueron editados en Europa, como es el caso de la obra de Trillo, Risso, Meglia, etc. Finalmente, hay muchos que reclaman más revistas, más espacios para los autores nóveles, que ahora batallan desde el blog o los fanzines (o desde la nada), pero quieren dar el salto a la edición profesional.

Todos estos pedidos, todas estas iniciativas son comprensibles y loables; me sumo a ellas. Quiero más historieta argentina, de todos los tipos, géneros y colores, de todas las épocas y tamaños.

Pero me pregunto, ¿cómo vamos a hacer? Coincidíamos el otro día en ese mismo foro: estamos dispersos. Si reeditamos la obra de Meglia y Risso (por no hablar de Breccia y lo de Hora Cero), que casi siempre es en B/N, los que odian el B/N no la van a comprar. Si reeditamos los clásicos de Columba, no podemos hacerlo en cualquier papel. Después uno no te lo va a comprar porque no es papel satinado, y otro no te lo va a comprar porque es caro ya que es a color. Si alguna editorial se arriesga con autores nuevos, unos le criticarán que sean pocas páginas, y otros que el tamaño es chico y otros que el precio es alto por tan pocas páginas. Y así ninguna cosa florece, todo se muere en un mar de negatividad inútil.

Que conste que no hablo de calidades ni de géneros. Actualmente creo que existe mucho mercado y espacio para todo tipo de comics e historieta, desde el que hacen en la Fierro hasta la Magma, que recupera el espíritu de aventuras de Columba; desde el terror de Pandemonium hasta lo cómico de Pepe Sánchez y ocurrencias similares; desde las tiras de Comic.ar hasta las novelas gráficas y los comics históricos como 1806: Invasión. Es comprensible y normal que lo que a uno le parezca genial al otro no le cause nada, y justamente en ese sentido creo que hay mercado para todos, porque hay muchos gustos que están siendo abastecidos por las citadas publicaciones. Pero si bien éstas tienen éxito, pero yo me pregunto si la marginalidad del mismo (porque les ha llevado tiempo afianzarse y lo siguen haciendo lentamente) no viene del lado de esta histeria galopante de muchos, a los cuales ninguna les viene bien, y el hecho de gastar 20 pesos en algo que no conocen, "para ver qué onda", pareciera más difícil de lograr que sacarle agua a una piedra.


PD: si me preguntan por qué no digo este en el foro, es que todavía no tuve oportunidad y no quiero ventilarlo en cualquier parte. Pero posiblemente, el día de mañana, haya alguna discusión y simplemente copiaré y pegaré este texto ahí mismo. En un par de ocasiones ya hice comentarios mucho menos picantes, que me llevaron por esta senda.

Sucede otra vez

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Hace unos días que no duermo mal, pero me resulta imposible dormir durante la siesta. Vuelvo a caer en ese estado intermedio, ese trance extraño que quería perdido, en el que puedo sentir el mundo alrededor pero descanso, pienso y descanso.

Ayer estaba extrañamente cansado, aplastado a pesar de que no había hecho ningún ejercicio físico. Pensé, como siempre, que eso me haría dormir mejor. Pero cuando estoy tan cansado, me resulta agotador dormir. Lo más fácil es quedarse despierto y hablar con los sueños.

El problema es que entonces no puedo apagar las voces. Lineal, pero también coralmente, se unen las ideas. Un personaje viejo, una idea descolocada; una pregunta sin respuesta. Una alternativa, una opción a explorar. Un personaje nuevo, más personajes nuevos. Todo se junta, se entrelaza.

Tengo una nueva novela.

Tardaré años en parirla, probablemente. Pero es la suma de cosas que estaban flotando por todas partes, incluso por el cielo de la inexistencia. Y eso me gusta, porque se cierra, es redonda. Un óvulo fecundado. Quién dijo que no podíamos parir ideas, parir libros, hojas, litros de tinta.

Sábado torcido

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Me desperté relativamente temprano, teniendo en cuenta que ayer tuvimos un chori-rol por el Día del Rolero. Al final, terminamos siendo los más normales. Sobre todo porque el grupo de al lado, que se puso a cocinar un lechoncito a las brasas, para la medianoche ya estaban totalmente borrachos y sin haber comido.

En fin, me desperté y, entre otras cosas, tuve que ayudar a cocinar. Ordené un poco el jardín y podé algunas ramas de una planta que está junto a la pileta; estaba tan tupida que, a pesar de la tormenta del otro día, el agua no había lavado la tierra entre las lajas del piso. Me hice tiempo para arreglar un poco más mi plantación de zapallos; hay varias plantas que prometen bastante.

Después de comer un poco tarde, me quedé a ver la clasificación del Premio de Interlagos, penúltima carrera de este campeonato de la Fórmula 1. Había leído que la prueba anterior había sido suspendida a los 15 minutos por la seriedad de la tormenta; uno de los participantes chocó y entre el viento, la lluvia y los rayos, el helicóptero de evacuación sanitaria no podía despegar.

En fin, que la primera etapa de la clasificación se cortó, y fue bastane complicada por la gran cantidad de agua; los autos flotaban a gran velocidad, y hubo algunos incidentes. La segunda parte se aplazó varias veces. Llovía a cántaros y el sistema de drenaje no daba abasto. De pronto me di cuenta de que estaba perdiendo demasiado tiempo esperando, y quería dormir una pequeña siesta. A las 1545 me acosté y calculé una hora de sueño.

Lamentablemente no contaba con que mi vecino el del negocio de ropas iba a caer con su 4x4 en la que siempre pone rock pesado a todo volumen... a las 1615. Esta vez apenas fue una canción, que se coló en la persiana mientras estacionaba su aparato. Pero el daño ya estaba hecho; me desperté sin haber dormido media hora. Di algunas vueltas y me desperté.

Vine a la computadora a ver cómo había terminado el tema de la clasificación. Como no encontré nada en la página oficial, prendí el televisor. Eran las 1645... y todavía faltaban 2 minutos para que terminara!!!

Menos mal que no me quedé a esperar. Vi lo que faltaba (emocionante, Barricello primero!!!) y me fui a tomar mate a la casa de mi vecina, con mi santa madre, que mañana es su día. Y después a tomar una chocolatada con facturas. Y ahora a escribir. Todavía no hice NADA de lo que planeaba hacer hoy... excepto ver la clasificación.


PD: me perdí casi todo el resumen de la F1 porque en lugar de a las 22 la empezaron a las 21 hs., ya que transmitieron en vivo desde Brasil... quiero preguntar, no podían transmitir una hora más tarde y respetar el horario de siempre!!!! Hdps!!! Me perdí todo el programa mientras hacía tiempo esperándolo!!!!

PD2: hice dos cosas que se supone que debía hacer. Son las 2315 horas y todavía tengo que armar mi cama. Estoy leyendo foros de comics.

Lo malo de la TV

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En la televisión no hay argumento o historia que dure porque, en esencia, se trata de interrumpir. El mensaje de la televisión, por debajo del contenido, es que lo que te interesa erá reemplazado por algo mejor en cinco minutos. Eso es negativo. Lo era cuando yo era hico y ahora es peor que nunca.

Matt Groening, en una entrevista al diario Clarín, de Argentina.

Paciencia

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Parece que el film de Watchmen se va a poner finalmente en marcha. Su director será Terry Gillian, ex-miembro de los Monty Python y director de películas como "Brazil" o "Aventuras del Barón de Münchasen" (sic).

encontrado en Swamp Thing nº 3 de Ediciones Zinco, circa 1985.

Gonzalo me prestó estas excelentes historias que tanto quería leer, y no pude dejar de reirme al encontrar esto. Me hizo acordar cuando, allá por 1995-96, más o menos, con mis amigos de secundaria fuimos al cine y nos pusimos a hablar de X-men. Yo era nuevo en los comics, había comprado algunos números, y estábamos locos esperando la supuesta película: había "rumores" que decían que estaba en preproducción, que pronto salía, que sí, que no, que sí, que sí... Tuvimos suerte: solamente esperamos 5 años.

The Sky Crawlers (2008)

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Basada en una serie de novelas del escritor nipón Hiroshi Mori, Mamoru Oshii nos deleita nuevamente con una de sus películas, mezcla de acción realista y profunda introspección de sus protagonistas.

Estamos de nuevo frente a una obra maestra de la animación 2D y 3D, con exquisiteces de todo tipo. Sin embargo, lejos de ser un conjunto de caramelos visuales, la edición y la dirección nos brindan un seguimiento realista de la trama. La cual, por otra parte, es completamente íntima, tanto en sus detalles convencionales como en los que tienen que ver con la parte más de ciencia ficción.

The Sky Crawlers es, sin duda, una película difícil de definir. No es bélica; tiene elementos de ciencia ficción pero también una gran cuota de drama y algo de acción. Sin embargo, y a pesar de la imaginería visual, lo que trasciende es la historia y su abordaje, propio de Oshii y sus escenas silenciosas, lentas, llenas de miradas y casi vacías de diálogo, con referencias veladas a cuestiones filosóficas o sociológicas.

En este punto, cuidado: la película dura 2 horas, y si uno no gusta de ese tipo de cine, es mejor elegir otra.


La historia
Más que hablar de argumento, podemos hablar de una serie de situaciones, que vamos descubriendo lentamente durante la película. Al comienzo se nos niegan las respuestas, de manera tal vez algo molesta; pero a partir de cierto momento de la película, todo comienza a cerrarse, y lo que sospechamos o relacionamos se une con lo totalmente inesperado.

Lejos de esas películas en las que los personajes dicen a la cámara todo lo que tienes que saber, casi siempre la trama avanza mostrando cosas: actitudes, silencios, miradas, palabras sueltas. Aquí Oshii se regodea, una y otra vez, en preguntas sin respuesta, en actitudes ambiguas o en escenas elididas, que simplemente no están allí para no adelantarte nada.

De todas maneras, teniendo en cuenta lo anterior, no termina de cerrarme cómo ciertas revelaciones son de pronto demasiado explícitas, haciendo un contraste tal vez muy fuerte frente a la sutileza general de la historia. De unir pistas y sentimientos pasamos a que ciertos personajes digan: "mira, aquí está pasando esto y esto", cuando nosotros como espectadores no teníamos demasiada idea de nada parecido.

¿Qué más podemos decir? Revelar mucho sobre el argumento sería contraproducente, creo yo, porque es una película para pelar despacio. Lo que digo a continuación, entonces, es algo que resume muy poco.

Ambientada en una extraña guerra mundial, la historia comienza con la llegada a una base aérea de un nuevo piloto, Yuichi Kannami. A través de sus experiencias vamos conociendo a sus compañeros de vuelo, pero principalmente a su superior, la oficial Suito Kusanagi, entre los cuales, lentamente, se va formando una extraña relación.

Con el tiempo, aprendemos más sobre la guerra, sobre la sociedad en la que están viviendo, y principalmente sobre ellos mismos. En este punto está la fuerza del film, en el relato íntimo de dos personas que se desencuentran, que no aciertan a comprenderse, porque algo mucho, mucho más grande que ellos está allí siempre, merodeando sobre sus vidas.

Como dije antes, no existe un argumento: éste tal vez podría representarse en la guerra misma, como una super-trama (lo cual daría lugar a una película bélica). Pero aquí solo vemos cómo un mundo extraño es habitado por un grupo de personas que hace lo posible para sobrevivir en él, tratando de salvar lo bueno y olvidar lo malo. En resumen, la película suma una serie de situaciones no necesariamente especiales; los personajes no salvan a nadie más que a ellos mismos, y su historia podría ser la de cualquier otro en su posición, el día de mañana.




La experiencia de un nuevo mundo
Ya hemos mencionado la enorme construcción visual con que cuenta la película, y es hora de enfocarnos en este aspecto, realmente sobresaliente.

Ambientada en una Europa imaginaria, en una época contemporánea a la Segunda Guerra Mundial, la cinta nos sumerge rápidamente en un mundo rico, tanto visual como culturalmente. Se nota que está basada en una serie de novelas, en donde el ambiente debe ser detallado con gran lujo. Aunque muchas de las cuestiones argumentales no aparecen en la película, es evidente la existencia de un pozo enorme de ideas para plasmar y de una gran base ficcional para contar dichas historias.

La realidad misma es otro elemento usado por los realizadores, quienes toman elementos según su antojo, borroneándola de manera deliciosa. La época es constantemente desdibujada por la convivencia de elementos totalmente anacrónicos: automóviles clásicos como Porsche y Cadillacs convertibles de la posguerra, aviones, radares y otro equipo de la Segunda Guerra Mundial y pantallas LCD... El mundo es nítidamente real, pero desconocido, novedoso, extraño.

Más allá de los fondos fotorrealistas y de la animación 2D extremadamente fluida y detallada (Oshii pone gran atención hasta en los movimientos involuntarios de los personajes), lo que sobresale sin duda por sobre todo es el enorme cuidado de los diseños técnicos de los aviones involucrados en el conflicto.

Lejos de crear aeronaves irreales y completamente ficticias, la película toma muchas ideas de la Segunda Guerra Mundial y utiliza colores, formas, diseños y otros detalles. Sin ir más lejos, el Sanka Mk. B (arriba) que pilotan los personajes principales es un derivado bastante directo del Henschel HS P75 y del Kyūshū J7W Shinden, dos aeronaves experimentales de la época, la primera alemana, la segunda japonesa. También podemos ver homenajes a los Me-109 alemanes, a los Ju-88 como bombarderos nocturnos, a bombarderos en configuración de ala voladora, etc. etc.

Llama la atención, o mejor dicho, coincide totalmente con la visión del director, que las cámaras no sean predecibles. The Sky Crawlers no es una película bélica (mal que pueda pesarle a algunos, con semejantes diseños). No veremos cámaras montadas en los aviones, ni zoom sorpresivos, ni cámaras lentas, ni un seguimiento detallado de cada movimiento. Abundan las tomas dentro de la cabina del piloto, los ligeros desenfoques, las tomas terrestres desde lejos, con los aviones siendo un grupo de puntos brillantes en el cielo, marcando la expectativa del personal de tierra por el ansiado regreso. En numerosas ocaciones, las tomas me recordaron a ciertos documentales, principalmente a la serie Aces de Combate que ví por Discovery (la cual recrea por computadora muchas batallas aéreas de la historia). En resumen, los combates son y se muestran cortos, como en la vida real: rápidos y mortales.

Como digo, puede parecer una lástima, para aquellos que quisieran ver más acción e incluso una película realmente bélica, que los combates se sucedan con pausas de media hora, y que sean cortos y escasos. Sin embargo, la tensión dramática se mantiene al mostrarnos ese mundo tan extrañamente caótico, en donde la paz y la guerra conviven en una supuesta armonía.




Recomendaciones y otros detalles
Con una duración de 2 horas, The Sky Crawlers representa un enorme logro para la industria de animación japonesa, principalmente en la cuestión técnica. Es muy poco común que una película de este tipo y calidad logre semejante duración; sin duda la presencia de Oshii en el proyecto le dio muchas facilidades a la hora de imaginar este nuevo mundo.

Con música de Kenji Kawaii y un hermoso sonido realizado en el Skywalker Ranch, lo sonoro no se queda atrás de lo visual. En cuanto a esto último, el trabajo en 2D fue realizado por Polygon Pictures, estudio que ya había trabajado para Oshii en Ghost in the Shell 2: Innocence.

El diseño de personajes en 2D, de hecho, tiene algunos puntos de contacto con esta película, y hay algunos que resultan casi idénticos (en los comentarios, uno de los realizadores admite que los personajes femeninos de Oshii son muy similares). Como contra, aunque la compaginación 2D/3D es excelente, la animación 2D usa a veces colores muy luminosos y planos, que hacen un contraste no siempre atractivo.

Como puede verse en los comentarios, muchas de las locaciones utilizadas para los fondos, exquisitamente pintados, existen. Los realizadores viajaron a Irlanda y Polonia para tomar fotografías de todo lo que iba a ser usado, incluyendo los enormes hangares de los aviones (fotografiados en Polonia, luego de las autoridades militares les dieran permiso). Oshii insiste en esos comentarios que, para dibujar bien un lugar, hay que estar allí, dibujar en base al recuerdo. Por otra parte, los comentarios a mí me parecieron muy aburridos, pero supongo que eso depende del ojo del observador; yo estaba esperando ver toneladas de bocetos y explicaciones de cómo se hizo cada cosa, pero son todas grabaciones de los realizadores hablando entre sí y alguna que otra mini entrevista.

Como dato curioso y para aprovechar, existe una edición al castellano, realizada para Latinoamérica. Posee estos comentarios ya citados, subtitulados, y audio en castellano para los que no gusten del japonés con subtítulos. Una de las partes más curiosas de la cinta es que es bilingüe: aunque los personajes son todos japoneses, al pilotear hablan en inglés, lo cual da una extraña sensación y desdibuja todavía más la ambientación.

The Sky Crawlers, que fue enviada a los Oscars de 2008 (no logró entrar en la categoría animada, en la que participaron Wall-E, Kung Fu Panda y Bolt), fue seleccionada en el 65º Festival Internacional de Venecia, donde ganó el Future Film Festival Digital Award. También participó en el Festival de Toronto de 2008 y compitió oficialmente en Sitges, un Festival Internacional de Cine de los más cotizados, ganando tres premios diferentes: mejor banda de sonido, mejor película para una audiencia juvenil, y el premio José Luis Guarner. ¿Qué más se puede decir? Por eso Hollywood está así: ni siquiera le da una chance a la animación para adultos (y no para todo público, que a mi Bolt y Wall-E me gustaron, pero son otra cosa).

Aunque disfruté la película, me quedé con las ganas de ver una que tenga el mismo cuidado visual, el mismo aprovechamiento de diseños ya mitológicos, pero más dedicados a la acción. Supongo que no séré el único. Para los que se enganchen con la parte bélica del film, pueden hacer dos cosas: averiguar si pueden conseguir el videojuego para Wii, que salió en 2008, y ponerse a investigar las mil y una referencias a equipo de la Segunda Guerra Mundial, algunas de las cuales he comentado.

No me queda más que recomendar lo siguiente: vean los créditos, porque la película sigue después del "final". Les dejo el trailer original, en japonés y sin subtítulos, así se enteran de menos cosas y pueden ver mejor otras.




Cosas que uno encuentra en libros antiguos

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No dice nada más. No sé si era invitación para casamiento, no lo creo porque diría nombres. La verdad es que no tengo idea. El libro es de la década del 30, y lo compré en Rosario, aunque quién sabe qué peliplo pudo haber atravesado previamente. Como no tiene dirección, no sé en qué ciudad estaba la iglesia mencionada. Tendría que buscar qué día de la semana fue el 27 de febrero de 1943... igualmente, un misterio difícil.

Más sobre guiones

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Decía hace unos días que hacer guiones me resulta una experiencia muy diferente, gratificadoramente diferente. A lo mejor es el cansancio. Hace rato que juego a esto de la escritura de novelas.

En la semana pasada me puse a continuar el guión que había iniciado para mi último proyecto, que sumaba unas 20 páginas. Agregué cinco más, además de terminar algunas páginas que estaban bocetadas. Como siempre, costó un ratito el arrancar de nuevo.

Conversando con Juan Vásquez, un dibujante amigo, llegué a la conclusión de que lo que me gusta de hacer guiones es que puedo concentrarme en los diálogos. A la hora de describir cosas, a veces son parco, y olvidadizo; tal vez esas partes de los textos largos que no me gustan sean las que me crean esa sensación de fracaso-no-negativo que mencionaba antes.

En definitiva, me salgan bien o mal las partes de narración y descripción, a veces me cuestan un poco, al menos por ahora. Soy demasiado detallista y no sé cuándo dejar de decir algo. En el comic, tengo el mismo problema, pero en gran medida, puedo dejar esa parte al dibujante, con la seguridad de que sabrá hacerlo, mejor o peor, pero con un mínimo de eficacia e impacto visual.

Por otra parte, en la novela no se pueden incluir, o al menos no en el tipo de novela que busco, un soliloquio o pensamiento extenso del personaje, palabra por palabra. Soy de mirar introspectivamente a mis actores, y creo que eso lleva las cosas por otro lado (el del narrador externo). En el comic el pensamiento siempre es en primera persona, más cortante, más... directo.

Y eso me gusta porque siempre he imaginado mis historias en base a pensamientos y diálogos. De hecho, no son pocas las noches en las que me duermo creando diálogos entre personajes que se me acaban de ocurrir. O no me duermo, lo cual es peor.

Por ahora, lo que hago con los guiones es esto: escribo los diálogos sueltos, mientras me formo una idea general de lo que está pasando (es decir, refino la idea general de la acción en mi cabeza). Luego, cuando se me terminan las ganas de los diálogos, cuando acumulo cierta cantida de texto o cuando se me da la gana, empiezo a poner todo lo demás. La verdad es que el proceso me resulta cómodo. En el comic (casi) siempre hay que estar pensando o diciendo algo, así que todo sigue su marcha.

Me voy a escribir más, a ver qué sale.

Cambio de marchas

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Esta semana la dejé en suspenso. La semana pasada terminé de corregir mi tercera novela, la de fantasía oscura (ya hablo de ellas como si fueran hijas: la segunda, la psicóloga :D). Terminé antes del tiempo estimado, pero siempre soy conservador con esas estimaciones; las agrando a propósito, así que no es gran mérito.

Charlando con un amigo que la había empezado a leer y había leído la cuarta (más corta, de fantasía contemporánea), descubrí o redescubrí algunos de mis cliches, y toda la experiencia me sirvió para medir más las distancias. Mucho de lo que saqué de la tercera eran reiteraciones, o cosas que hacían demasiado explícitas ciertas cuestiones que lo eran desde el vamos. A veces escribo mucho para decir poco, doy vueltas en círculos. Desde temprano, en el secundario, la profe de lengua me criticó que hago oraciones largas. Es como la lucha contra el alcohol: no se termina nunca.

Si ya había dicho que quería volver a los cuentos, en estos días me asaltó una ansiedad por hacer comics. Dejé un guión largo para meterme en lo último de la novela, y tengo varias ideas más para anotar en el papel. ¿De donde nace esa ansiedad? Posiblemente del hecho de que nunca hice guiones más largos de 8 páginas (a excepción del que dejé hace unos días). Quiero experimentar, seguir aprendiendo. Me fascina descubrir lo que se puede contar, con pocas palabras de guión, en una sola página. A lo mejor es eso: es como encontrar el elixir, la cura para mi verborragia, un lugar en donde puedo ser libre dentro de un cuadrado de papel.

Me muero de ganas de hacer algo nuevo, diferente; también es cierto que disfruto mucho abandonando la soledad tradicional del autor y trabajando con otra persona, que generalmente es un amigo o se convierte en un amigo al poco tiempo, gracias a compartir gustos e intereses (entre otras cosas).

Leyendo comics de todo tipo, tengo la sensación de que aprendo. A lo mejor es eso de que, cuando uno sabe poco, aprende rápido (porque hay mucho para descubrir). No sé. Cuando leo una novela o cuento, generalmente me desconecto: disfruto, pero no sé si aprendo, más allá de algún detalle aislado.

Otra cuestión que me asaltó en estos días es que tal vez, y sólo tal vez, soy o puedo ser mejor guionista que escritor, a nivel general. Claro que no puedo comparar una novela con un guión. Claro que cada una de mis cuatro novelas ha sido un gran, enorme aprendizaje, y tal vez los guiones los he procesado más rápido (y de nuevo, nunca pasé de las 20ytantas páginas). Claro que no estoy comparando mi experiencia en los dos campos.

Hay, en el fondo, una sensación no de fracaso, pero de algo similar, no tan negativo. Estoy más orgulloso de mi cuarta novela, que es corta, que de la tercera, que es larga. A pesar de los retoques, creo que no he logrado mejorarla, porque el nivel de escritura no era el que yo deseaba tener. No sé. Algo parecido me pasó con la segunda: a pesar de las revisiones, recortes brutales y reescrituras, no es tan buena como yo la quería. A lo mejor me martirizo y son mejores. No son geniales, claro, no apunto a ser genial de un día para el otro. No estoy desilucionado; creo que hice lo mejor que podía y eso es justo lo que quería. Pero, por otra parte, me hubiera gustado no cometer ciertos errores que volví a cometer o cometí por primera vez.

También puede ser que, como la tercera y la cuarta irán a concursos de diferente nivel, con la cuarta estoy conforme, pero inconcientemente pienso que el gran trabajo de la tercera se perderá porque caerá en la criba. No sé. De todas maneras, ¡estaba hablando de comics!

Cada vez que termino de corregir o escribir algo, me tomo unos días para hacer otras cosas, como leer, ver series o películas, etc. etc. Ahora estoy en eso. Pero en cualquier día de la semana, creo que agarro otro guión de esos y sigo, y sigo, y sigo. Después me quiero matar porque no consigo nadie que los dibuje, pero bueno, es otro tema. Creo que me cansé de la escritura por un tiempo.